Acampar en Europa

Para empezar este pequeño artículo es necesario advertirle a nuestros estimados lectores, presuntamente sudamericanos, que los campings en Europa, en su mayoría, tienen poco y nada que ver con lo que nosotros estamos acostumbrados. La idea es que complemente con este otro post, sobre viajar en bicicleta: https://viajandodesurasur.com/2014/10/21/viajar-en-bicicleta-por-europa/. La idiosincrasia de éstos radica en su orientación hacia un público “jubilado” que viajan en casas rodantes, o en su mayoría, motorhomes (metí “idiosincrasia” y “radica” en una oración, estoy hecho un campeón). O sea, los campings están en lugares bonitos, en medio de la naturaleza muchas veces, pero tienen TODOS los chiches en cuanto a confort, mucha preparación para los vehículos caseríos, y algún lugar pequeño y escondido para las carpas. Pocas parrillas, claro (a excepción de Grecia, pero ya llegaremos ahí). Como dato de color les contamos que allá es muy común que la gente mayor (jubilada) se vaya a “vivir” temporalmente, por varios meses o años a campings, donde se instalan y disfrutan de sus años de descanso. Cuando se cansan del lugar, levantan todo y se van a vivir a otro camping. Es algo bastante común para ellos.

Acampe libre

Acampe libre en Alemania

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Dicen que viajando se fortalece el corazón – Barcelona

      No íbamos a ir a España y quizás nunca hayamos llegado. Desde que salimos de Buenos Aires pensamos que tanto Portugal como España nos iban a quedar para un viaje corto futuro. Después de haber estado en Barcelona por casi una semana sigo pensando que nos quedaron afuera del recorrido los dos países, la capital de Cataluña no habla español ni se reconoce parte del Estado conquistador de gran parte de América.

Vista de Barcelona

Vista de Barcelona

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Los valles del río Loira – parte 2

Seguimos con el recorrido por los enamorables Valles de Loira

De Tours nos dirigíamos a Saumur (Saumú, pronunciado), pero en medio íbamos a pasar una noche en Chinon. Las lluvias continuas dificultaban nuestro pedaleo, así que empezamos a buscar más enérgicamente casas de gente donde dormir, además que las experiencias venían siendo más que positivas, conociendo mucho de la cultura del lugar con franceses súper simpáticos (todo lo contrario a la creencia popular). La primer noche post Tours fue en carpa igualmente, cerca del castillo de Ussé, el “elegido” por Flor para visitar por dentro. Como las entradas para las visitas internas son caras (ninguna baja de 10 euros) decidimos entrar a uno y ese es el Ussé, el que inspiró a Charles Perrault para escribir la Bella Durmiente, “La Belle Bois”.

El castillo de Ussé

El castillo de Ussé

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Los Valles de Loira, tutorial de bici-camping y enamorados de Francia – Parte 1

              Nos fuimos de París con el pecho inflado hacía Gien, pueblito casi en el centro de Francia por donde pasa el río Loira, y donde comenzaríamos nuestro trayecto hasta el océano atlántico. Leímos en internet que este tramo estaba en muy buen estado y que era lindo para hacerlo en familia. Habiendo terminado el recorrido al momento que escribo esto no me queda más que reafirmar ese “rumor”, y no solo eso, sino que el sendero de “Los Valles del Loira” es un excelente “viaje tutorial” para cualquiera que quiera incursionar en el mundo del ciclo-camping. Antes le decíamos cicloturismo, pero un amigo ciclista que tiene sus años en esto ya nos enseñó la diferencia: el ciclocamping es lo que hacemos nosotros, bici y camping libre, y el cicloturismo es justamente bici y turismo durmiendo en hotel. Ambos disfrutables, pero diferente, claro está.

El castillo de Gien y el rio Loira

El castillo de Gien y el rio Loira

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Entre montañas y fondue – Suiza parte II

                No me gusta exagerar en los relatos. Usted, estimado lector o lectora (amigos y familiares), sabe que no es necesario engrandecer las historias de nuestro viaje. Toda esta aventura me sigue sorprendiendo tanto que muchas veces me gustaría musicalizar recuerdos, sobre todo en esta etapa de bicicleta. El pedaleo silencioso, ocasionalmente, podría tener sonido de fondo como para sentirme totalmente dentro de mi propia película. Me conformo con guardar en mi mente la mayor cantidad de imágenes posibles. Y como no me gusta exagerar las historias, directamente voy a citar el textual que escribí el día que fuimos a cruzar el Brünig Pass, el paso de montaña más alto que vayamos a pasar en todo el viaje:

El comienzo del Brünig

El comienzo del Brünig

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La Checa famosa (parte 2) y unas cervezas en el verdadero Oktoberfest

Entre Dresde y Praga teníamos nuestro último tirón de este primer mes de pedaleo. Nos quedaban 50 kilómetros hasta la frontera Checa y más de 180 para llegar a la famosa capital de la ex Checoslovaquia. Si bien la frutilla del postre de Alemania del Este fue la joya arquitectónica de Dresde, todavía nos quedaba pasar por algunos pueblitos que como koalas celosos quedaron aferrados en nuestra memoria.

praga 2

Vista del rio Elba

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La Checa Invisible – parte 1 de República Checa

Si comparamos el itinerario que teníamos antes de salir con el que realmente estamos haciendo se reirían un rato largo. Lo cierto es que cambiamos de ruta dependiendo de nuestras ganas y de lo que vamos aprendiendo (por lo que charlamos con la gente de cada ciudad) con el correr de los días. Después de la experiencia increíble de visitar Salzburgo volvimos sobre nuestros pasos camino a República Checa, evitando pasar por tierras alemanas, que con lo caro que fue Austria queríamos dejar respirar un poco nuestros bolsillos.
Panorámica de Brno desde la torre de la Catedral

Panorámica de Brno desde la torre de la Catedral

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Mucho Mozart y poco cuarteto – Salzburgo, Austria

Nuestro próximo destino en el mapa era Austria, primer país de los catalogados “primer mundo” que pisábamos y una manada de lugares para ver en el Estado sin salida al mar. Llegamos a Viena desde Bratislava en menos tiempo del que tardo en viajar de Quilmes a Capital Federal. La capital austriaca que le dio nombre a las salchichas que comúnmente comemos alberga un millón y medio de personas, pero ya de entrada la primera impresión fue: “que hacemos acá”.
     Si bien en muchos países nos sentimos extranjeros ni bien llegamos, con el tiempo vamos naturalizando esa sensación. En el país con menor índice de desempleo de Europa su carta de presentación fue la impresión de estar dentro de la película “The Truman Show”. Para quien no vio el film, se trata de la historia de un hombre que desde antes de nacer su vida es filmada y transmitida en vivo a todo el mundo, un reality show de un hombre (Jim Carrey) las 24 horas del día que vive en un set inventado, en un barrio ficticio donde los directores pueden controlar todos los aspectos de la vida de Truman, inclusive los detalles como el clima y los (des)amoríos. Claramente no nos sentimos filmados ni siendo parte de un reality show jaja pero la ciudad parecía un set de filmación, donde todos los engranajes funcionaba bien: los medios de transporte, las señalizaciones de las calles, la limpieza de todo y también funcionaban bien las personas, siendo extremadamente amables, cordiales y respetando todas las reglas que los rodean. Ni mejor ni peor, pero chocante para nosotros, acostumbrados a las demoras del Roca, a los pozos de Lanús o a cruzar la calle por mitad de cuadra. Tanta fue la diferencia inclusive con los países del Este europeo que nos llevó a pensar en ese “que hacemos acá”, como si hubiésemos entrado a ver La Traviata en el teatro Colón en bermuda y zapatillas viejas.
Un vistazo de Salzburgo desde la Fortaleza de Hohensalzburg

Un vistazo de Salzburgo desde la Fortaleza de Hohensalzburg

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Llueve en primavera y las puertas abiertas – Hungría y Eslovaquia

El síndrome de entrar en las puertas abiertas es una enfermedad que nos aqueja, principalmente a mí (Seba) desde que comenzamos este viaje. Uno podría llegar a pensar que es divertido o inclusive un chiste el hecho de que ante cada puerta abierta tenga el irrefrenable impulso de atravesar ese marco, o al menos pispear qué se esconde detrás de esa apertura que me llama como si fuese un ratoncito escuchando el dulce sonido del flautista de Hamelin. Así sea en un edificio histórico en Veliko Tarnovo, en la ciudad amurallada de Dubrovnik o en una mezquita de Estambul. Si para llegar tenemos que subir cien escalones o meternos en un túnel no importa, hay que ver qué hay porque en cada rincón se puede esconder lo mejor, la frutilla del postre de cada ciudad. Probablemente uno de los culpables de esta enfermedad sea Gerardo, mi papá, que cuando nos íbamos de vacaciones le gustaba meterse en los caminos sin carteles, husmear en los pueblos sin shoppings. Esa sana costumbre él la justificaba con que “si no estamos apurados, podemos entrar a mirar” y así paseábamos por callecitas embarradas en provincia de Buenos Aires o pueblos fuera del mapa tanto en el norte como en el sur argentino. Si había tiempo había libertad de meterse a echar un vistazo. Por suerte hoy me siento con los minutos suficientes como para que cada puerta sea una oportunidad nueva de descubrir. Además cuento con la fortuna necesaria de que mi invalorable e irremplazable compañera me aguanta en todas, y cuando se vislumbra el otro lado en algún marco, ella es la primera en decirme “dale, vamos”.
Castillo de Buda – una de las principales atracciones para el turismo claramente

Castillo de Buda – una de las principales atracciones para el turismo claramente

La Transilvania que se esconde detrás de Dracula – Bucarest y Transilvania, Rumanía

           En este poco tiempo de viaje (o mucho, según los ojos de quien lo vea) hemos visitado desde pequeños pueblos a grandes ciudades capitales, pasando también por las que se encuentran en el medio de esa escala tan subjetiva pero real. Charly García hizo una canción (ma´que canción TEMAZO) que habla de la “grasa de las capitales”, de ese humo contaminante que sobrevuela las grandes metrópolis que además de infectarte los pulmones te machaca el cerebro, alienándote y convirtiéndote en “uno más”, en alguien impersonal que se parece a todos menos a vos mismo. Y es que en este tramo de viaje hemos aprendido que en las grandes ciudades la gente se comporta más o menos parecida en todos lados, sea Roma, Tirana o Sofía, todos comparten mismos “patrones” que no hace falta hacer referencia, porque usted lector, seguramente sabe de lo que hablo. Sin embargo nos hemos topado con muy buena gente en estas capitales, con bichos raros que están abiertos a pensar distinto que la última moda. Es cierto que nos sentimos más cómodos en los pueblos chicos, donde las costumbres del lugar las aprendemos mirando a la gente en la calle o conversando con locales, en lugar de tener que estar espiando por la rendija que te dejan entrever los negocios de Vodafone y Mc Donalds para descubrir cuál es la comida típica de un lugar. Sea como sea, en este viaje de mochila con fecha de vencimiento (ya se que faltan muchos meses más, pero esto se pasa volando), las capitales son importantes porque mucha gente va y viene de ellas, lo que nos proporciona un primer paso en cada país como para después apuntar hacía el punto que más nos entusiasme del mapa.
En las plazas/parques de Bucarest – El banco atestigua nuestra ubicación

En las plazas/parques de Bucarest – El banco atestigua nuestra ubicación

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