Los Valles de Loira, tutorial de bici-camping y enamorados de Francia – Parte 1

              Nos fuimos de París con el pecho inflado hacía Gien, pueblito casi en el centro de Francia por donde pasa el río Loira, y donde comenzaríamos nuestro trayecto hasta el océano atlántico. Leímos en internet que este tramo estaba en muy buen estado y que era lindo para hacerlo en familia. Habiendo terminado el recorrido al momento que escribo esto no me queda más que reafirmar ese “rumor”, y no solo eso, sino que el sendero de “Los Valles del Loira” es un excelente “viaje tutorial” para cualquiera que quiera incursionar en el mundo del ciclo-camping. Antes le decíamos cicloturismo, pero un amigo ciclista que tiene sus años en esto ya nos enseñó la diferencia: el ciclocamping es lo que hacemos nosotros, bici y camping libre, y el cicloturismo es justamente bici y turismo durmiendo en hotel. Ambos disfrutables, pero diferente, claro está.

El castillo de Gien y el rio Loira

El castillo de Gien y el rio Loira

                En la ruta ciclista de los Valles del Loira nos encontramos con decenas de castillos de la época del Renacimiento y prácticamente todos en buen estado (algunos, excelentemente preservados, lo que es un viaje en el tiempo). Imaginarse los caballeros, doncellas, dragones y mercados ambulantes de las fortificaciones no requiere mucho esfuerzo mental. La región es una exquisitez de historia y naturaleza. No solo de castillos está adornado el recorrido, sino que también, del llamativo río Loira, el único (¡!!) río de todo Europa que no fue modificado por el hombre, que continúa salvaje. Sus costas serpenteantes, los arboles asomando las ramas verdes por encima del agua, las bancos de arena en medio del curso del río… son todos detalles que en ninguno de los otros ríos de maqueta que cruzamos anteriormente en el viaje tiene. Es como que una vez que conoces el Loira, con todos sus pájaros y animales en los alrededores, su fauna pero también su flora, entendes que el resto de los ríos son bastante “armados”, retocados. Más de una vez, después de pedalear algunos minutos en silencio, uno de los dos decía: “pero que lindo che, me encanta”. O sino “paremos a comer que tengo un hambre que me como la bici”… que no tiene mucho que ver, pero es para hacer alusión a lo mucho que comemos pedaleando jaja.

acampando a orillas del Loira con vista a la linda Sully-Sur-Loire

acampando a orillas del Loira con vista a la linda Sully-Sur-Loire

                Vamos a contarles por partes como fuimos recorriendo el Loira, y de paso, les detallamos un poquito que es y que hay en cada ciudad. A todos nos gustan los castillos, no jodamos. Y estos son geniales. Para adentrarlo levemente en la región que vamos a relatarles, estimado lector, es necesario mencionar que fue en esta región donde se hospedaron los nobles y reyes, que alrededor del año 1500 se encontraron con toscas fortalezas que habían sobrevivido a las invasiones extranjeras, y las convirtieron en suntuosos palacios de estilo italiano para su comodidad. El poder de los reyes y de todos estos muchachos de alta cuna ya no se ceñía debido a la cantidad de armas y tropas que tenían sino por su status social, la cultura, la magnificencia y el lujo es vulgaridad dijo y me conquistó.

Un mapa del recorrido, para que tengan referencia

Un mapa del recorrido, para que tengan referencia

                La ruta al lado del río une la ciudad de Nevers, en el corazón de Francia, hasta St.Nazaire en el océano Atlántico, pero nosotros nos enganchamos unos kilómetros más adelante, como dije antes, porque es donde arrancaban los castillos. Nuestro comienzo fue de lo mejor, con una sorprendente Gien que nos regaló una postal de típico pueblito francés fotografiable, con el castillo renacentista en medio de las casitas de techos con chimeneas combinados y tejas pintadas. La primera jornada no podíamos hacer mucho más porque habíamos llegado al río medio de noche. Acampamos en uno de los lugares más feo e incomodos de todo el viaje, en una vereda con pastito y en zona de campos sin gente, pero vereda al fin.

                Al día siguiente salimos temprano con lindo clima (lo que le sumaba 100 puntos a todo) para Sully-sur-Loire. Esta fortificación de aspecto medieval que parece surgir de las aguas que lo rodean fue construida en el siglo XIV y se haya enclavada (¡!) entre bosques, de cuento todo el escenario. Sin salir de nuestro asombro por tan bonito lugar volvimos a acampar libre pero esta vez pegados al río Loira y fue uno de los más lindos. El atardecer en el río fue impagable.

Castillo de Sully-Sur-Loire

Castillo de Sully-Sur-Loire

                Seguimos siempre la bien marcada ruta ciclista camino a Orleans, pero antes pasamos por un pequeñísimo pueblo donde se encuentra la abadía St. Benoit-de-Fleury, construida en el 1218. Una locura pensar que mientras terminaban de poner la última piedra de esa iglesia, en América la realidad era totalmente distinta, con una cultura aborigen que lamentablemente no llegó a nuestros días como sí lo hizo ese templo cristiano. Para el final del día estábamos en Orleans, una de las ciudades más grandes junto al Loira donde nos hospedaron una pareja de franceses. Como solo estuvimos una noche no pudimos conocerlos bien, pero tuvimos un buen desayuno compartido con tango de fondo. Orleans es bonita, tiene una iglesia catedral imponente con dos torres súper pintorescas. Sin embargo lo que más nos atrapó es una de las historias más relevantes que se asocia a la ciudad, y es que la famosa Juana de Arco, en mayo de 1429, junto a un grupo de soldados liberó la ciudad de los ingleses y se ganó el sobrenombre de “Doncella de Orleans”. Posteriormente a esta proeza, siguió liberando ciudades alrededor del Loira dándole la oportunidad a Carlos VII de entrar en Reims para ser consagrado Rey de Francia al grito de ¡fuera ingleses de Malvinas!

La catedral de Orleans

La catedral de Orleans

                De Orleans partimos rumbo a Blois, el nombre que aparece en el mapa como próximo destino con habitantes. Nos contaron que es un gran pueblo (o pequeña ciudad) pero que no nos podíamos perder ni locos la coqueta Beaugency y luego, el castillo de Chambord y sus 16 torres, así que con esas indicaciones partimos. El clima súper agradable “fuera de lo común para estas épocas” (según locales) nos daba la oportunidad de parar a sacar fotos en cada pueblito y que tardemos más de lo debido en hacer pocos kilómetros. Lo que disfrutamos recorrerlos es irrelatable, se me vienen las imágenes, los recuerdos y siento que el 2014 valió la pena tanto pero tanto que te lloro todo acá nomás. Llegamos entonces a Beaugency por la noche y acampamos en una parada de picnic (muy comunes a lo largo de todo el recorrido en bici). Es una ciudad bonita, con un puente de piedra muy llamativo, medieval al palo. El Castillo Dunois, en el casco histórico, no desprende belleza arquitectónica porque su pasado, desde el siglo XI, era más militar que protocolar.

                Totalmente diferente fue nuestra siguiente parada: Chambord. Uno de los castillos más espectaculares que pudimos visitar en TODO el viaje, y eso que vimos muchos eh. Esta construcción del siglo X pertenecía a los condes de Blois (ciudad a la que nos dirigíamos, bastante cerca) pero en 1392 fue comprada por Luis de Orleans Luchito para los amigos y le llegaron las buenas épocas con muchas inversiones. La fortificación hoy en día es una obra de arte del renacimiento lisa y llanamente, con una conservación única, incluyendo el foso de agua que rodea los muros. Es el climax de las fortalezas del Loira y bien ganado se lo tiene. Esa noche acampamos en el bosque Parque Nacional que rodea el Chambord. Se lo vamos a poder contar a nuestros nietos (?), dormimos cerca del castillo más lindo del Loira y a la noche escuchábamos un jabalí hacer OINK OINK cerca de la carpa.

Le Château Chambord

Le Château Chambord

Nosotros y el Chambord, de cerquita

Nosotros y el Chambord, de cerquita

                A Blois solo la vimos desde el otro lado del río, por donde iba la bicisenda, ya que tantos días lindos se tenían que terminar en algún momento y la lluvia nos acompañó gran parte de esa jornada. Agua y viento hacían el pedaleo un poco muy súper difícil. Igualmente no nos privamos de sacarle una foto porque se veía hermosa Blois, nos quedamos con las ganas de entrar a caminarla. “¡Al mal clima buena cara! Salvo que vayas en subida”, proverbio ciclista de la pindonga.

                Si bien existen varios caminos alternativos a lo largo de la ruta de los Valles del Loira, nosotros siempre nos mantuvimos en la principal, la que bordea el río, a excepción del desvío para ver el Chambord. Pasando Blois, a algunos kilómetros, se encuentra Chaumont (“Shaomó” o algo así, sería la pronunciación. Los franceses se nos cagaban de la risa cuando intentábamos decirlo). La lluvia nos volvió a complicar, pero el detalle de este día fueron los vientos de 50/60 kms por hora que no nos dejaron hacer más de 28 kilómetros. Por ese motivo llegamos “tarde” para visitarlo aunque se veía de afuera lo bonito que era, ahí arriba de la colina, imponente. Otro esplendido castillo, otro esplendido pueblito. Pusimos la carpa en medio de la tormenta debajo de un arbolito y cerca de la entrada de un sendero de trecking. Nos despertamos con el ruido de un camión municipal, los muchachos venían a acondicionar el camino y nosotros ahí, con la carpita jaja Muy buena onda ellos, se fueron a cortar el pasto lejos, dándonos tiempo de levantar todo. Como siempre, el acampe libre, sin consecuencias negativas.

La ciudad de Blois vista desde el otro lado del río

La ciudad de Blois vista desde el otro lado del río

                Ese día pudimos conocer la súper recomendable Amboise. Lo tiene todo. Un castillo del año 502 (de verdad verdadera, para defenderse de los vikingos), ambiente medieval, es la cuna del Rey Carlos VIII y además fue lugar de residencia de Leonardo Da Vinci, ni más ni menos. Teniendo un casi perfecto equilibrio entre ciudad y pueblo, entre turística y desierta, entre histórica y naturaleza, Amboise es probablemente uno de los puntos más recomendables del trayecto.

Amboise, la ciudad y el castillo. Imperdibles!

Amboise, la ciudad y el castillo. Imperdibles!

                Esa noche terminamos en Tours, donde nos hospedó Piero. Ya hacía 3 noches seguidas que veníamos de carpa con lluvia y un techo real nos hizo bien. Un pibe muy buena onda, Piero viajó el año pasado desde su ciudad hasta Budapest, Hungría, en bicicleta. Muy interesado en nuestras vidas en Argentina, en nuestra cultura, tuvimos charlas muy copadas mientras caminábamos y nos mostraba Tours. Una ciudad hermosa, grande, pero muy muy hermosa. El casco histórico podría ser una materia de la Universidad, monumentos dedicados a reyes y “regalos” (de los Medicis, entre otros) arquitectónicos abundan, decorados con las historias de las grandes familias que habitaron. Y otro datito de color, es que en Tours comienza el peregrinaje completo del famoso camino de Compostela. En fin, muy copada la estadía en-lo-Del Piero, ¿entienden? Del Piero… chiste futbolero jajajaja perdón, no lo podía dejar pasar.

                Me acabo de dar cuenta que este post se me fue a la mierda se está haciendo larguísimo, y si bien ya tengo escrito el resto, vamos a ponerle un punto y aparte aquí, así en en 3 o 4 días subimos la parte 2. La idea era que sea un solo texto de Loira, pero bueno, ¡¡es mucha información y muchas fotos!! 😀

Llegando a Tours

Llegando a Tours

Nos vemos en algunos días, y gracias por habernos leído.

6 pensamientos en “Los Valles de Loira, tutorial de bici-camping y enamorados de Francia – Parte 1

  1. Me encantan los comentarios tachado, es como si nos estuvieses contando lo que vivieron en persona! Genial! jaja. Hermoso ese recorrido, me encanta toda la historia que fueron cruzando en el camino. Esperamos la parte 2 =)

  2. Pingback: Los valles del río Loira – parte II | Viajando de Sur a Sur

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