Los Valles de Loira, tutorial de bici-camping y enamorados de Francia – Parte 1

              Nos fuimos de París con el pecho inflado hacía Gien, pueblito casi en el centro de Francia por donde pasa el río Loira, y donde comenzaríamos nuestro trayecto hasta el océano atlántico. Leímos en internet que este tramo estaba en muy buen estado y que era lindo para hacerlo en familia. Habiendo terminado el recorrido al momento que escribo esto no me queda más que reafirmar ese “rumor”, y no solo eso, sino que el sendero de “Los Valles del Loira” es un excelente “viaje tutorial” para cualquiera que quiera incursionar en el mundo del ciclo-camping. Antes le decíamos cicloturismo, pero un amigo ciclista que tiene sus años en esto ya nos enseñó la diferencia: el ciclocamping es lo que hacemos nosotros, bici y camping libre, y el cicloturismo es justamente bici y turismo durmiendo en hotel. Ambos disfrutables, pero diferente, claro está.

El castillo de Gien y el rio Loira

El castillo de Gien y el rio Loira

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Entre montañas y fondue – Suiza parte II

                No me gusta exagerar en los relatos. Usted, estimado lector o lectora (amigos y familiares), sabe que no es necesario engrandecer las historias de nuestro viaje. Toda esta aventura me sigue sorprendiendo tanto que muchas veces me gustaría musicalizar recuerdos, sobre todo en esta etapa de bicicleta. El pedaleo silencioso, ocasionalmente, podría tener sonido de fondo como para sentirme totalmente dentro de mi propia película. Me conformo con guardar en mi mente la mayor cantidad de imágenes posibles. Y como no me gusta exagerar las historias, directamente voy a citar el textual que escribí el día que fuimos a cruzar el Brünig Pass, el paso de montaña más alto que vayamos a pasar en todo el viaje:

El comienzo del Brünig

El comienzo del Brünig

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La Checa Invisible – parte 1 de República Checa

Si comparamos el itinerario que teníamos antes de salir con el que realmente estamos haciendo se reirían un rato largo. Lo cierto es que cambiamos de ruta dependiendo de nuestras ganas y de lo que vamos aprendiendo (por lo que charlamos con la gente de cada ciudad) con el correr de los días. Después de la experiencia increíble de visitar Salzburgo volvimos sobre nuestros pasos camino a República Checa, evitando pasar por tierras alemanas, que con lo caro que fue Austria queríamos dejar respirar un poco nuestros bolsillos.
Panorámica de Brno desde la torre de la Catedral

Panorámica de Brno desde la torre de la Catedral

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Mucho Mozart y poco cuarteto – Salzburgo, Austria

Nuestro próximo destino en el mapa era Austria, primer país de los catalogados “primer mundo” que pisábamos y una manada de lugares para ver en el Estado sin salida al mar. Llegamos a Viena desde Bratislava en menos tiempo del que tardo en viajar de Quilmes a Capital Federal. La capital austriaca que le dio nombre a las salchichas que comúnmente comemos alberga un millón y medio de personas, pero ya de entrada la primera impresión fue: “que hacemos acá”.
     Si bien en muchos países nos sentimos extranjeros ni bien llegamos, con el tiempo vamos naturalizando esa sensación. En el país con menor índice de desempleo de Europa su carta de presentación fue la impresión de estar dentro de la película “The Truman Show”. Para quien no vio el film, se trata de la historia de un hombre que desde antes de nacer su vida es filmada y transmitida en vivo a todo el mundo, un reality show de un hombre (Jim Carrey) las 24 horas del día que vive en un set inventado, en un barrio ficticio donde los directores pueden controlar todos los aspectos de la vida de Truman, inclusive los detalles como el clima y los (des)amoríos. Claramente no nos sentimos filmados ni siendo parte de un reality show jaja pero la ciudad parecía un set de filmación, donde todos los engranajes funcionaba bien: los medios de transporte, las señalizaciones de las calles, la limpieza de todo y también funcionaban bien las personas, siendo extremadamente amables, cordiales y respetando todas las reglas que los rodean. Ni mejor ni peor, pero chocante para nosotros, acostumbrados a las demoras del Roca, a los pozos de Lanús o a cruzar la calle por mitad de cuadra. Tanta fue la diferencia inclusive con los países del Este europeo que nos llevó a pensar en ese “que hacemos acá”, como si hubiésemos entrado a ver La Traviata en el teatro Colón en bermuda y zapatillas viejas.
Un vistazo de Salzburgo desde la Fortaleza de Hohensalzburg

Un vistazo de Salzburgo desde la Fortaleza de Hohensalzburg

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Llueve en primavera y las puertas abiertas – Hungría y Eslovaquia

El síndrome de entrar en las puertas abiertas es una enfermedad que nos aqueja, principalmente a mí (Seba) desde que comenzamos este viaje. Uno podría llegar a pensar que es divertido o inclusive un chiste el hecho de que ante cada puerta abierta tenga el irrefrenable impulso de atravesar ese marco, o al menos pispear qué se esconde detrás de esa apertura que me llama como si fuese un ratoncito escuchando el dulce sonido del flautista de Hamelin. Así sea en un edificio histórico en Veliko Tarnovo, en la ciudad amurallada de Dubrovnik o en una mezquita de Estambul. Si para llegar tenemos que subir cien escalones o meternos en un túnel no importa, hay que ver qué hay porque en cada rincón se puede esconder lo mejor, la frutilla del postre de cada ciudad. Probablemente uno de los culpables de esta enfermedad sea Gerardo, mi papá, que cuando nos íbamos de vacaciones le gustaba meterse en los caminos sin carteles, husmear en los pueblos sin shoppings. Esa sana costumbre él la justificaba con que “si no estamos apurados, podemos entrar a mirar” y así paseábamos por callecitas embarradas en provincia de Buenos Aires o pueblos fuera del mapa tanto en el norte como en el sur argentino. Si había tiempo había libertad de meterse a echar un vistazo. Por suerte hoy me siento con los minutos suficientes como para que cada puerta sea una oportunidad nueva de descubrir. Además cuento con la fortuna necesaria de que mi invalorable e irremplazable compañera me aguanta en todas, y cuando se vislumbra el otro lado en algún marco, ella es la primera en decirme “dale, vamos”.
Castillo de Buda – una de las principales atracciones para el turismo claramente

Castillo de Buda – una de las principales atracciones para el turismo claramente

La Transilvania que se esconde detrás de Dracula – Bucarest y Transilvania, Rumanía

           En este poco tiempo de viaje (o mucho, según los ojos de quien lo vea) hemos visitado desde pequeños pueblos a grandes ciudades capitales, pasando también por las que se encuentran en el medio de esa escala tan subjetiva pero real. Charly García hizo una canción (ma´que canción TEMAZO) que habla de la “grasa de las capitales”, de ese humo contaminante que sobrevuela las grandes metrópolis que además de infectarte los pulmones te machaca el cerebro, alienándote y convirtiéndote en “uno más”, en alguien impersonal que se parece a todos menos a vos mismo. Y es que en este tramo de viaje hemos aprendido que en las grandes ciudades la gente se comporta más o menos parecida en todos lados, sea Roma, Tirana o Sofía, todos comparten mismos “patrones” que no hace falta hacer referencia, porque usted lector, seguramente sabe de lo que hablo. Sin embargo nos hemos topado con muy buena gente en estas capitales, con bichos raros que están abiertos a pensar distinto que la última moda. Es cierto que nos sentimos más cómodos en los pueblos chicos, donde las costumbres del lugar las aprendemos mirando a la gente en la calle o conversando con locales, en lugar de tener que estar espiando por la rendija que te dejan entrever los negocios de Vodafone y Mc Donalds para descubrir cuál es la comida típica de un lugar. Sea como sea, en este viaje de mochila con fecha de vencimiento (ya se que faltan muchos meses más, pero esto se pasa volando), las capitales son importantes porque mucha gente va y viene de ellas, lo que nos proporciona un primer paso en cada país como para después apuntar hacía el punto que más nos entusiasme del mapa.
En las plazas/parques de Bucarest – El banco atestigua nuestra ubicación

En las plazas/parques de Bucarest – El banco atestigua nuestra ubicación

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Este o Este

     Como si hubiésemos cambiado de una gran ciudad capital a un pueblo campesino pasamos de Estambul a Sofía, que es nada más ni nada menos que la capital de Bulgaria. Si bien no somos amantes de las ciudades capitales, en este caso unimos dos porque era más fácil llegar, y por supuesto que ésta última tenía un gran atractivo para nosotros desde lo cultural y por lo ignoto que resulta Bulgaria para los argentinos. La corta e inexperta experiencia que tenemos nos indica que los destinos poco turísticos tienen grandes sorpresas.
     Bulgaria es un país de poco más de siete millones de habitantes con una historia medieval muy rica que se mantiene viva hoy en día con sus ruinas bien conservadas. Como dato de color, las ciudades preservan como representativos los escudos medievales en sus banderas.
   En Sofía nos encontramos con una ciudad muy bonita, muy ordenada y limpia. Sin grandes edificios pero con hermosas y extensas plazas que sirven de paseo diario para cientos de ciudadanos. Todas las plazas en esta capital estaban llenas de gente en cualquier horario, desde grupos de adolescentes escuchando música hasta ancianos y ancianas jugando al ajedrez, todos en las plazas, con el cantar de los pájaros y la compañía de las fuentes decorosas.
Catedral Sveta – Nedelya – En 1925 fue destruida por un ataque bomba donde se intentó asesinar al popular Rey Boris III, que se salvó por llegar tarde a la ceremonia donde fallecieron 128 personas.

Catedral Sveta – Nedelya – En 1925 fue destruida por un ataque bomba donde se intentó asesinar al popular Rey Boris III, que se salvó por llegar tarde a la ceremonia donde fallecieron 128 personas.

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Más perdido que turco en la neblina

     Nuestro itinerario cambió varias veces, tiene más mutaciones que Michael Jackson, estuvimos en ciudades que antes del viaje ni sabíamos que existían y dejamos sin ver siquiera de lejos otros lugares que nos parecían paradas obligadas. Y nos sentimos cómodos y contentos haciéndolo de esta forma, cuando parece que la ruta es tan obvia como un vidente leyendo el destino aparece una voz en alguna de nuestras cabecitas que dice “¿y si en vez de ir por acá van por allá?”. Y todo se renueva, trasforma y abre nuevas posibilidades.
     Sinceramente Estambul no estaba en los planes de ninguno de los dos. La cantidad de kilómetros “de más” y nuestra ignorancia sobre Turquía nos hacían no prestarle atención a la metrópoli de dieciséis millones de habitantes. Las recomendaciones de algunos conocidos hicieron que lo repensáramos y finalmente la insistencia de otros viajeros a lo largo de nuestros días en Europa nos hicieron poner a Estambul como un destino indiscutible en nuestro 2014.
La torre Galata (1348)  fue construida por los genoveses y en el Imperio Otomano la usaban como torre de vigilancia

La torre Galata (1348) fue construida por los genoveses y en el Imperio Otomano la usaban como torre de vigilancia

Efectos locos a la foto – caminando por Estambul

Efectos locos a la foto.                                    Caminando por Estambul

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En la tierra de Aristóteles – Atenas, Meteora y Salónica, Grecia

     Querido lector, estás por empezar a leer el post más largo que hayamos hecho hasta el momento. Te invitamos a que si podes te tomes un tecito, cafecito o unos buenos mates (¡como lo extrañamos!!!!) mientras te contamos nuestros días, experiencias y anécdotas en Atenas, Meteora y Salónica, las últimas tres paradas en Grecia.
     En los papeles, en la previa, Atenas era un plato fuerte en nuestro viaje. Centro neurálgico de la historia de la humanidad, esta ciudad nos provocaba cosquillas de solo pensar en todos los años de civilización que lleva encima su tierra, esa invitación a imaginar que Sócrates o Aristóteles pasearon por el mismo suelo que íbamos a caminar. Así es que en un largo viaje unimos Patras con Atenas, intentando en vano quitarle expectativas para paliar la ansiedad a la gran ciudad.
     La capital griega es bipolar. Por un lado tiene su faceta de gran ciudad con su gran centro y su caos comercial, y por otro, como si estuviese separado por una línea imaginaria tiene sus ruinas e historia. Para poder transmitirles lo que es Atenas me parece oportuno utilizar Roma como contrapartida. En la ciudad italiana las ruinas de la antigua ciudad y la “nueva” se entremezclan como si fueran una paleta de colores de un pintor desprolijo, es una pelota de modernidad e historia que en cien metros pasas de un shopping a un monumento milenario. En cambio en Atenas esa mescolanza no existe, la gran ciudad moderna está por un lado y la historia está por otro. Ni mejor ni peor pero distinto. Uno camina por sus calles y puede ver una típica iglesia bizantina pero no mucho más, sin embargo, cuando decidís ir a visitar la ciudad antigua te trasladas a una región donde no hay edificios cerca, ni casas. Hay que abonar la entrada (un solo ticket para las 7 partes de la ciudad antigua a 12 euros, o 6 en nuestro caso por ser estudiantes extranjeros. Si éramos griegos era gratis) y entrar a una región enrejada donde se preservan todas las ruinas que sobrevivieron estos dos mil años. Algunas ruinas llegan a tener dos mil cuatrocientos en realidad.
El antiguo Templo de Hefesto (Dios de la Metalurgia) y Atenea Ergané (Diosa de la cerámica) del siglo VII.

El antiguo Templo de Hefesto (Dios de la Metalurgia) y Atenea Ergané (Diosa de la cerámica) del siglo VII.

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La ciudad eterna y lo complicado de comprimir emociones – Roma

     Y nos fuimos de Roma nomás. Después de una de las semanas más locas, agitadas y soñadas de nuestros últimos 2 años. Nunca habíamos pensado en que nuestro primer destino fuese Roma, ni siquiera Italia. La mayoría sabe que nuestro punto de inflexión en el viaje es Dinamarca. Pero Roma era un viaje directo y que no pasaba por España (nos tienen en la mira por ser argentinos y nos avisaron que te piden TODOS los papeles habidos y por haber). Así que, por suerte, Roma fue nuestro primer destino. Grato acierto. Nos estamos yendo empapados de cultura e historia. No es fácil explicar lo que es “la ciudad eterna” en palabras, pero voy a intentarlo.
Piazza di Popolo de noche – nuestra primer noche en Roma

Piazza di Popolo de noche – nuestra primer noche en Roma

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