Entre montañas y fondue – Suiza parte II

                No me gusta exagerar en los relatos. Usted, estimado lector o lectora (amigos y familiares), sabe que no es necesario engrandecer las historias de nuestro viaje. Toda esta aventura me sigue sorprendiendo tanto que muchas veces me gustaría musicalizar recuerdos, sobre todo en esta etapa de bicicleta. El pedaleo silencioso, ocasionalmente, podría tener sonido de fondo como para sentirme totalmente dentro de mi propia película. Me conformo con guardar en mi mente la mayor cantidad de imágenes posibles. Y como no me gusta exagerar las historias, directamente voy a citar el textual que escribí el día que fuimos a cruzar el Brünig Pass, el paso de montaña más alto que vayamos a pasar en todo el viaje:

El comienzo del Brünig

El comienzo del Brünig

         “123, 123, hola hola ¿se escucha? Escribo esto pensando que sea parte de un post que todavía no existe pero para recordar siempre lo que viví hoy. Así que empiezo con ayer (?). Fue la segunda noche en lo de Nick, en Lucerna, y quisimos cocinar nosotros. Por alguna razón. No sé, nunca lo hacemos. Compramos algo barato, claro, sigue siendo Suiza esto. Pizza en “tamaño familiar” marca supermercado de turno. Me cayó como una patada de burro en la boca del estómago. Casi no dormí por el dolor de panza, y para colmo, a la mañana vomité. Tendría que haberlo hecho a la noche, pero como era una casa ajena, me la quise aguantar. Al pedo. Arranqué el día sin desayunar y con las patitas como si fuesen dos conejos flacos. Directamente me sentí débil desde la mañana. Para que se imaginen la escena un poco mejor, intenté poner cara de “te vomité el baño Nick pero ya me siento joya eh, no sientas pena por mí” pero por dentro necesitaba tirarme a dormir tapado hasta el pelo. Las nubes grises y la llovizna de la mañana anunciaron lo que durante el día iba a suceder: un musical de truenos en el cielo y en mi panza. Empezamos a pedalear sabiendo que el Brünig tenía que estar “no lejos”. Si me preguntan cómo es el camino desde Lucerna, no lo sé. Las líneas de la calle estaban bien pintadas pero no recuerdo nada más, no pude levantar la cabeza y hacía fuerza con las piernas teniendo la bici en cambios livianitos, y no me movía. Era una tortura china pero en Suiza, y sin quesos. No no, no me hables de comida. Me costó moverme en llano y por el bocho no paraban de rebotarme las ideas de que tenía que subir 480 metros en pocos kilómetros. No puedo, no puedo, no puedo. Encima llovía, fuerte. No tenía fuerza ni para arrepentirme.

           Estos malos cálculos de distancia que muchas veces nos jugaron en contra, hoy puntualmente, fueron a favor. Después de 41,2 dolorosos kilómetros paramos a acampar y dejamos el cruce para mañana, por suerte. La luz de día ya no nos alcanza para intentarlo hoy. Pensábamos que el Brünig estaba más cerca. Pude cenar sin complicaciones y supongo que mañana voy a estar mejor.”

El camino que Seba no pudo disfrutar

El camino que Seba no pudo disfrutar

                Y como somos dos viajando, también les citamos lo que escribió Flor en su cuadernito esa noche:

“Hace dos o tres días que venimos sintiendo que las montañas nos encierran, sí o sí hay que cruzar el maldito paso de montaña, pero Seba viene muy débil. Él siempre va adelante (más que nada en las subidas) pero hoy no podía, se le notaba en la cara aunque me decía que no. Ojalá hubiera podido hacer más que un té en medio del camino para ayudarlo, ojalá hubiera podido remolcarlo, o algo así. Pero las escaladas no son mi fuerte, me canso rápido, me quedo sin aire y me malhumoro. Mañana sí, es EL día. Espero que sea mejor.”

               Les contamos todo esto, de entrada, para que no quede la falsa idea en nuestras historias de que siempre todo sale bien. Que todo es color de rosas y aroma a jazmines. Al día siguiente me desperté casi renovado, con más fuerza. Dormí doce (¡12!) horas y estaba mucho mejor. El Brünig Pass es difícil pero con tiempo se puede. Más allá de que nos diluvió las 10/11 horas de pedaleo, se puede si se lo hace despacio.

Parar a respirar, mirar atrás y tener este paisaje vale la pena.

Parar a respirar, mirar atrás y tener este paisaje vale la pena.

                 Esa noche teníamos que llegar a Interlaken donde nos esperaba Connie, una Warmshower. Cuando parecía que el paso de montaña había sido la figurita difícil del día, el camino seguía complicado. Continuaba el temporal, se nos hizo totalmente de noche (¡oscuro oscuro eh! solo veíamos con las luces de las bicis) y el camino transmutó a uno de piedras, adecuado para mountain bikes (bicicletas de montaña) pero no tanto para hacer con alforjas con 25 kilos. Por suerte todo empezó a mejorar a lo grande… Nos recibió, finalmente, Connie que pensaba que ya no íbamos porque era muy tarde. Me acuerdo que cuando me metí a bañarme y sentí el agua caliente me di cuenta porque la página de internet que nos permitió contactarla se llama así, Warmshowers, duchas calientes. Algo tan cotidiano en mi vida diaria en Buenos Aires era un oasis en medio de dos días “re heavy re jodidos”, los dedos de los pies tardaron algunos minutos en dejar de hormiguear hasta tomar calor.

              Connie y su novio Peter son dos viajeros súper particulares, muy especiales y sobre todo buena onda. Nosotros por cuestión de tiempos pasamos más rato con ella. Anduvieron durante nueve meses en Nueva Zelanda viajando A PIE y otros tantos en África, con bicis. Así de locos. Por distintas razones la travesía en el continente más antiguo del planeta lo siguió ella sola desde Senegal. Sí, en África. Sí, en bici. Hay un simple acto que la define en gran parte: mientras viajaba se encontró en un pueblito donde estaban construyendo un orfanato y se habían quedado sin fondos para terminarlo. Sabiendo que en Suiza cobran salarios más altos que en el resto del mundo (no es para nada fácil encontrar locales que sean conscientes de eso) se quedó a vivir en el poblado mientras que con parte de la plata destinada a su viaje (ahorros) adquirió todos los materiales que hacían falta y claro, ayudó a construirla. Hoy en día se sigue mandando mensajes con los amigos que hizo en aquella experiencia.

Tomando mate con Connie

Tomando mate con Connie

                Peter es un caso que me hizo sentir en familia, su novia lo definió como “alma libre” (free soul) y a mí me recordó a mi tío Carlos. Paseamos con él por la calle y todos lo saludaban. La misma situación viví siempre con el hermano de mi vieja, en Ezpeleta y ahora de nuevo con Peter en Interlaken. Se cagaba de la risa de los problemas pero poniéndole el lomo, fue muy muy loco. Son realmente muy parecidos.

                Interlaken es la San Martín de los Andes pero suiza. Montañas, dos lagos (por eso Inter-laken, ¿se entiende? It is fantastic jajaja), casitas hermosas. Uno de los lugares más lindos de Suiza, si no el más. Como nos hospedaron dos noches pudimos ir a recorrer bien, tomar mate en el lago y pasear por un parque natural donde se realiza avisaje de aves. Toda la ciudad y sus alrededores están sacados de un cuento de hadas, sin brujas malvadas y con (muchos) parapentes dando vueltas entre los picos rocosos.

Flor contemplando uno de los lagos de Interlaken desde las ruinas del castillo de Unspunnen

Flor contemplando uno de los lagos de Interlaken desde las ruinas del castillo de Unspunnen

La paz de Interlaken no tiene precio

La paz de Interlaken no tiene precio

                Podríamos usar todo el post para describir bellezas y detalles bonitos de Interlaken, pero el deber (?) nos insta a seguir el relato. Afortunadamente en nuestro próximo destino también nos iban a alojar, pero en lugar de ser contacto vía internet, eran nuevamente amigos de nuestros queridos amigos Jorg y Carola, de Berlín. Otra vez nos recibían amigos de amigos de conocidos de esa pareja alemana que tantos “adress” (direcciones) nos dieron a lo largo de estos meses. Para colmo, la chica que tenía un mínimo contacto con ellos no iba a estar ese fin de semana, así que ni siquiera la conocimos pero la pasamos de maravillas con Christopher y Michael, sus compañeros de alquiler de depto. Pedaleamos para Berna, ciudad patrimonio de la humanidad según UNESCO. No sabemos cuántas capitales con este título existen pero no deben ser muchas.

                Berna entró en nuestro TOP 5 de capitales (?). No somos la UNESCO pero pega en el palo. No fue a parar al puesto número 6 porque el nombre de la ciudad me hace acordar a un amigo que me cae muy bien y eso le suma un escalafón (?????). En fin, las fotos deben hacerse valer en sus ojos más que cualquier descripción posible. Las casas antiguas y con techos en composé es como si se tomaran de las manos imaginarias manteniendo a raya al serpenteante río Aare, los árboles y el verde no fueron desplazados por la industrialización de la ciudad, todo lo contrario, tienen una platea de lujo para poder contemplar semejante belleza.

La ciudad patrimonio de la humanidad... linda no?

La ciudad patrimonio de la humanidad… linda no?

                Una historia muy interesante acerca de Berna y su creación. La leyenda popular cuenta que el duque Bertoldo V prometió nombrar la ciudad según el primer animal que se cruzase en los bosques cercanos, y fue justamente un oso. Por este motivo, también se utilizó (y continúa) la imagen heráldica del escudo representativo y se les dio un lugar de “privilegio” en la ciudad. Lo pongo entre comillas porque para nosotros no es así, ya que se les otorga un sector al lado del río. Como si fuera un zoológico pero abierto para cualquiera que quiera visitar las peludas y grandotas bestias. Todo esto, claro, es una leyenda. Quizás Bertoldo se cruzó una liebre, se hizo el boludo y siguió caminando, después se encontró un jabalí pero siguió silbando bajito ya que iba a ser oloroso tener chanchos al lado del río y finalmente, encontró el honorable oso. O quizás todo es cierto. Nunca lo sabremos.

uno de los osos de Berna

uno de los osos de Berna

                Los genios de Michael y Christopher nos trataron de maravillas, al punto de invitarnos a comer fondue a uno de los mejores restaurantes de quesos de todo Berna. ¿Se lo imaginan? Nosotros lo recordamos, sigue siendo increíble. Además de haber súper disfrutado semejante comida tuvimos charlas muy copadas. Nuevamente volvimos a sentir que dejábamos dos potenciales amigos, con mucho en común, esta vez en Suiza. ¡Encima Christopher es ferroviario también y Michael labura de su creatividad!

                De Berna encaramos, despacito y sin prisa, para Francia. La idea era cruzar la frontera por el noroeste y en la primer ciudad, Pontarlier, un tren a París. Si lo tomamos dentro del mismo país sale MUCHO más barato que si tiene que cruzar frontera. Así sea que hagamos pocos kilómetros dentro de Francia. Pero antes…pasamos por Neuchatel. Una ciudad sin turismo extranjero y con una belleza increíble. El lago, que le da nombre a la localidad, se mezcla con los Alpes nevados. Un espectáculo sumado al buen clima que nos tocó. Acampamos libre con una vista única y un desayuno sobre las piedras junto al agua.

Neuchatel al atardecer

Neuchatel al atardecer

                Nuestra última parada fue en Môtiers, pueblititito de muy pocos habitantes donde nos recibieron Lydie y Eric durante algunos días que fueron un total relax. Nos sirvió para recargar pilas y poder repasar todo lo que nos dio Suiza. Un país que en la previa metía tanto miedo, tanta sobriedad y rectitud, tanto banco y reloj. Ahora tiene cara de gente amable, de puertas abiertas, de mucha naturaleza, de museos gratis, de personas abiertas… ¿y se acuerdan que teníamos miedo por los precios altos? ¿Qué casi esquivamos Suiza porque no nos daba el presupuesto? Bueno, con la venta de calendarios/postales no solo que nos fuimos sin haber gastado un solo franco suizo sino que salimos del país con una ¡ganancia de 5! Jaja increíble. Uno de los primeros países en que no tuvimos que cambiar dinero. Los miedos fueron totalmente al revés de cómo se dieron al final. Como casi siempre, vió don/doña.

Gracias por leernos 😀 y esta vez, quédate unos dos minutitos más con nosotros y ¡mira el vídeo que preparamos de nuestros días suizos!!!!!

2 pensamientos en “Entre montañas y fondue – Suiza parte II

  1. Lo que me reí con ese bonus track! Jajaja. Me encantó la crónica, es como si hubiésemos estado ahí con ustedes. Hermosísimas las fotos! Un sueño. No sé como hicieron subir todo eso jeje. Les mando un abrazo fuerte fuerte.
    Ali

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