Darwinismo viajero

               Este post pensé en escribirlo hace un mes como mínimo, pero me pareció más interesante hacerlo una vez comenzada esta segunda etapa de viaje. En el momento que estoy tipeando estas líneas estoy sentado sobre un tronco cortado al lado de una fogata, en el claro de un bosque danés (Sollerup Skov) en un espacio para acampe libre. Hoy después de haber pedaleado nuestros primeros 40 kms me siento moralmente adepto (¿?) para explicar esta idea de darwinismo viajero.

¿Cómo no inspirarse en este contexto?

¿Cómo no inspirarse en este contexto?

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Christiania y los barrios del futuro

          Como ya contamos un poco anteriormente, vinimos a Dinamarca por varias razones y una de ellas, probablemente la más importante, es porque estamos realizando un trabajo de investigación social sobre Christiania.

Lejos de  ser un lugar religioso como muchos podrían pensar al leer su nombre, Christiania es un ex barrio hippie y libre autogobernado por sus casi mil habitantes donde los murales con grafitis son el ambiente y las casitas del estilo Hobbit se entrelazan con la naturaleza en el corazón de la capital danesa formando una burbuja de tranquilidad. Pensamos que este lugar particular, y algunos similares que encontramos en Copenhague, se merecen un post aparte. Así que acá vamos…

Christiania es un pulmon verde en el medio de la ciudad

Christiania es un pulmon verde en el medio de la ciudad

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Viviendo con daneses y la Visa Working Holiday Dinamarca – Copenhague

     Vamos a dividir este post en dos partes para ser «ordenados», en la primera contaremos sobre nuestra experiencia viviendo con y entre daneses y nuestra visión de Copenhague, y la segunda, datos específicos sobre la famosa (?) Visa Working Holiday. Después de casi dos meses de estar viviendo acá entendimos porque se llama así: Flor justifica el Working y yo el Holiday jaja Bueno che, entregué más de cincuenta curriculums  en mano y no me llamó nadie (NDE: al día de hoy, ya tengo laburo).

Parte 1 o «La vida en Dinamarca, Copenhague y sus gentes»

     Llegamos a Dinamarca, país que significaba poco y nada para nosotros en el 2012, se convirtió en un sueño difuso en el 2013 y se plasmó en una hermosa realidad en el 2014, que gracias a su Visa de trabajo vacacional (?) nos da la chance de viajar por Europa durante un año (si no, solo hubiésemos podido viajar 3 meses, que es lo que Schengen permite para turistear y no tienen contemplados loquitos que quieren recorrer más tiempo de rasca). Llegamos con muchísima ilusión de poder parar la pelota y analizar nuestros próximo pasos, y ya que hablamos de fútbol, ver el Mundial. También con mucha necesidad de conseguir algún laburito para sumar algunos pesinhos, meterle pata a la investigación de Christiania (como explicamos en el post anterior) y conocer este país, el que deslumbra a muchos en Argentina por ser el de mejor índice de derechos laborales, libertad de expresión, salario mínimo más alto y la mar en coche.

Flor en Nyhavn

Flor en Nyhavn

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Un Primer Mundo rebelde y ecologista – Suecia y llegada a Dinamarca

                    Lo cierto es que antes de llegar a Suecia estuvimos en Noruega… unas dos horas en el aeropuerto. Lo que nos alcanzó para ver los precios de los que tanto nos hablaban. Es una cinco o seis veces más caro que Austria y por lo tanto, unas diez o quince veces más caro que Sudamérica. Si le sumamos que enviamos más de 40 solicitudes de couchsurfing en el país vikingo y todos muy educadamente nos dijeron NOT, deben imaginarse que no estaba dentro de nuestro presupuesto pasar más de esas dos o tres horas aeropuertuarias en Oslo. Así que hicimos «patito» (en Argentina le decimos así a algo que rebota) y partimos para Gotemburgo, Suecia, donde nos esperaba Jonas «el vegano», o como le diremos de aquí en adelante con mucho cariño y respeto: Lechuguin. Antes de seguir, tenemos que reconocer que nos quedó una espina, una cuenta pendiente con Noruega, el viaje de alrededor 300 kilómetros hasta Gotemburgo nos permitió ver paisajes hermosos, montañas nevadas, bosques tupidos, lagos de cuento adornados con pequeños pueblitos que parecían tener un contrato de «mantener la armonía del lugar». Volveremos a Noruega y toda esta región en algún momento de nuestras vidas, es una promesa para inaugurar este «.com» o paginita de interné!

Nosotros disfrutando del domingo

Nosotros disfrutando del domingo

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Una aventura medieval y el zoológico de Tallin – Estonia

                 Austria nos espantó con sus precios irreales. Los comentarios de la gente y de los internautas (?) que leímos hablaban de que Alemania es realmente caro, inclusive un poco más que su vecino rojiblanco. Y si le sumamos que nuestros ahorros se escurren como Copa del Mundo a españoles, decidimos valientemente tomar un avión “barato” de Estonia a Noruega, y de ahí salir enseguidita hacia el sur, acercándonos a Dinamarca, donde plantaremos bandera un par de meses.

                ¿Y si nos cobran sobrepeso de equipaje? ¿Si se dan cuenta que nuestra Visa de turista terminó hace una semana y todavía no tenemos el permiso de Dinamarca? ¿Y Candela? No podíamos responder las últimas dos pero sí nos empezamos a preparar para que nuestras mochilas pasen de pesar 18 y 23 kilos, a quince cada una. Teníamos cuatro días para llegar a eso, en el medio, visitamos Tallin.

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Entrada a la «Old Town» de Tallinn

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Explorando rincones impensados – Lituania y Letonia

                Levantarme a las seis y media, ducha matutina despierta-muertos, vestirme medianamente formal para ir al trabajo mientras veo el noticiero, caminar hasta la estación, viajar en el querido Roca (¡el tren eh! nunca le diría “querido” a uno de los asesinos de los pueblos originarios de nuestro país), combinar con el subte que voy igual o más apretado que en el tren, llegar a la oficina y empezar con unos mates (probablemente uno de los mejores momentos de la mañana) y con el trabajo del día. Un almuerzo con los genios de mis compañeros de trabajo y empezar a contar las horas para salir. Una vez afuera, tipo cinco y media, subte y tren otra vez para ir a la facu. Cuatro horitas de cursada y a las diez estoy libre, fresco como una lechuga para empezar el momento del día en que ya no tengo responsabilidades u obligaciones. Me tomo otra vez el tren hasta casa, llego diez y media, ceno, miro una serie y a la cama que al otro día hay que levantarse temprano. Gracias por todo, felicidades.

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La gente del Campo, Polonia – Varsovia, parte 2

Nos fuimos de Cracovia con el orgullo de haber aprendido un poco de historia y otro tanto de humanismo. En Varsovia nos esperaba Sebastian, un tocayo que nos advirtió que vivía en las afueras de la capital, cerca del bosque. Pero no avancemos tan rápido, en el post anterior no tuvimos lugar para hacer una salvedad que en Polonia nos llamó más que la atención: la gente es altamente amable, más que en cualquier otro país que hayamos visitado antes. Nos vieron por la calle caminando con cara de perdidos y entonces tres personas sacaron sus teléfonos celulares para ayudarnos y decirnos con qué medio de transporte nos convenía movernos. Otra, en la parada del bondi no teníamos monedas para sacar los boletos (acabábamos de llegar y no habíamos cambiado), y se acercó un flaco muy buena onda y nos pagó los boletos, rechazando nuestro intento de darle un billete a cambio. Hay más, estando en Auschwitz habíamos pegado onda con un profesor español que estaba en Polonia para un congreso, y los 40 kilómetros de vuelta para Cracovia se volvía con una pareja de polacos… nos tiraron a nosotros también. Inclusive nos hicieron un puerta a puerta. Así se repitieron constantemente situaciones de amabilidad y apertura de parte de los polacos. Puntazo a favor.

Iglesia reconstruida en Varsovia. El autito le da un toque genial a la escena

Iglesia reconstruida en Varsovia. El autito le da un toque genial a la escena

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Un golpe bajo de la historia – Auschwitz y Varsovia, Parte 1

Nos fuimos de Checa a la tierra natal del abuelo materno de Seba, a Polonia, con un cmontón de falta de información pero con la certeza en nuestras ganas de buscar aprender de un país al que se lo pasaron de mano en mano distintas potencias en diferentes etapas de la historia. Si leíste algo nuestro anteriormente puede que hayas encontrado algún chiste malo por párrafo y algún que otro chiste bueno cada dos o tres posteos. Pero este no va a ser el caso, no porque queramos inventar una seriedad exagerada con respecto a los lugares que visitamos (sobre todo Auschwitz), sino que nos dimos cuenta mientras veíamos las fotos y seleccionábamos las que nos parecían mejores para poner acá que en todas las imágenes nosotros estábamos serios. Una mezcla de respeto por el espacio que estábamos pisando que se combinaba con la información que nuestras cabezas procesaban sobre de la cantidad de gente que murió en ese lugar y los terribles maltratos que sufrieron. Para el que no sepa de qué se trata Auschwitz, fue el campo de concentración más grande y donde murieron más de 1.600.000 personas durante el nazismo, desde su apertura el 20 de mayo de 1940 hasta el 27 de enero de 1945, cuando fue liberado por el ejército soviético.

 

Auschwitz

Desde Cracovia se puede llegar en un colectivo interurbano por un precio más que accesible y la entrada al museo es totalmente gratuita. Sin embargo lo que se abona es la visita guiada, y como con descuento de estudiante era barato, pagamos el recorrido con guía y lo bien que hicimos. Los predios de Auschwitz se dividen en tres: Auschwitz 1 que era el campo original y donde estaban todas las oficinas administrativas, los cuarteles de los altos rangos nazis y las prisiones, espacios de tortura y lugares de fusilamiento de los intelectuales polacos, prisioneros de guerra soviéticos o cualquier líder de relevancia judío o con ideas comunistas. En este campo murieron poco más de 70 mil personas. Auschwitz 2 está muy cerca del 1, en la región de Birkenau, y la visitamos mediante un colectivo gratuito como parte de la visita guiada. Birkenau fue el más grande campo de exterminio donde murieron más de un millón de personas, más adelante contamos más en detalle que pasaba en cada uno de estos campos. Por último Auschwitz 3 estaba un poco más alejado y no lo pudimos visitar. Este último era llamado Monowitz, de mayor tamaño que el resto y donde estaban las industrias metalúrgicas alemanas. Los prisioneros que trabajaban en ésta eran esclavos pero recibían tratamiento médico, y si no estaban en buenas condiciones eran trasladados a Auschwitz 2.

Los cercos, los muros, los alambres, las torres de vigilancia... los carteles

Los cercos, los muros, los alambres, las torres de vigilancia… los carteles

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La Checa Invisible – parte 1 de República Checa

Si comparamos el itinerario que teníamos antes de salir con el que realmente estamos haciendo se reirían un rato largo. Lo cierto es que cambiamos de ruta dependiendo de nuestras ganas y de lo que vamos aprendiendo (por lo que charlamos con la gente de cada ciudad) con el correr de los días. Después de la experiencia increíble de visitar Salzburgo volvimos sobre nuestros pasos camino a República Checa, evitando pasar por tierras alemanas, que con lo caro que fue Austria queríamos dejar respirar un poco nuestros bolsillos.
Panorámica de Brno desde la torre de la Catedral

Panorámica de Brno desde la torre de la Catedral

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Mucho Mozart y poco cuarteto – Salzburgo, Austria

Nuestro próximo destino en el mapa era Austria, primer país de los catalogados “primer mundo” que pisábamos y una manada de lugares para ver en el Estado sin salida al mar. Llegamos a Viena desde Bratislava en menos tiempo del que tardo en viajar de Quilmes a Capital Federal. La capital austriaca que le dio nombre a las salchichas que comúnmente comemos alberga un millón y medio de personas, pero ya de entrada la primera impresión fue: “que hacemos acá”.
     Si bien en muchos países nos sentimos extranjeros ni bien llegamos, con el tiempo vamos naturalizando esa sensación. En el país con menor índice de desempleo de Europa su carta de presentación fue la impresión de estar dentro de la película “The Truman Show”. Para quien no vio el film, se trata de la historia de un hombre que desde antes de nacer su vida es filmada y transmitida en vivo a todo el mundo, un reality show de un hombre (Jim Carrey) las 24 horas del día que vive en un set inventado, en un barrio ficticio donde los directores pueden controlar todos los aspectos de la vida de Truman, inclusive los detalles como el clima y los (des)amoríos. Claramente no nos sentimos filmados ni siendo parte de un reality show jaja pero la ciudad parecía un set de filmación, donde todos los engranajes funcionaba bien: los medios de transporte, las señalizaciones de las calles, la limpieza de todo y también funcionaban bien las personas, siendo extremadamente amables, cordiales y respetando todas las reglas que los rodean. Ni mejor ni peor, pero chocante para nosotros, acostumbrados a las demoras del Roca, a los pozos de Lanús o a cruzar la calle por mitad de cuadra. Tanta fue la diferencia inclusive con los países del Este europeo que nos llevó a pensar en ese “que hacemos acá”, como si hubiésemos entrado a ver La Traviata en el teatro Colón en bermuda y zapatillas viejas.
Un vistazo de Salzburgo desde la Fortaleza de Hohensalzburg

Un vistazo de Salzburgo desde la Fortaleza de Hohensalzburg

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