Darwinismo viajero

               Este post pensé en escribirlo hace un mes como mínimo, pero me pareció más interesante hacerlo una vez comenzada esta segunda etapa de viaje. En el momento que estoy tipeando estas líneas estoy sentado sobre un tronco cortado al lado de una fogata, en el claro de un bosque danés (Sollerup Skov) en un espacio para acampe libre. Hoy después de haber pedaleado nuestros primeros 40 kms me siento moralmente adepto (¿?) para explicar esta idea de darwinismo viajero.

¿Cómo no inspirarse en este contexto?

¿Cómo no inspirarse en este contexto?

                Como muchos deben saber, Charles Darwin, más conocido como Charly o Carlito´, propuso esa loquita teoría de que los todos los seres vivos que subsisten a través del tiempo son aquellos que mejor se adaptan a su entorno  (que a grandes rasgos y sin entrar en tecnicismos es la “Selección natural”), lo que algunos tradujeron como “la supervivencia del más apto”. No sé si seremos aptos o directamente unos inadaptados sociales pero nos pareció copada la idea de cambiar nuestra forma de viaje. Dejamos atrás las mochilas y las cambiamos por alforjas y bicicletas. Los poco más de tres meses en Dinamarca laburando de aguateros nos permitió juntar lo suficiente como para poder hacer este cambio. Esta idea de mutación viajera tuvo como objetivo darnos oxígeno y renovar ganas, algo que cumplió totalmente con las expectativas.

Preparados para nuestros primeros 40kms

Preparados para nuestros primeros 40kms de adaptación

                Si volvemos atrás en nuestra historia, nuestros primeros viajes los hicimos con el corsita (modelo 96, lo adoraba): a la costa, a Córdoba, a Tandil… Todas las escapadas posibles además de las vacaciones en la Patagonia, donde subiendo al refugio de montaña de Hielo Azul, surgió la idea de venirnos un año a mochilear a Europa. Si bien disfrutamos muchísimo los primeros 6 meses de viaje fue inevitable que la sumatoria de ciudades y países que recorríamos nos lleven a la conversación de “qué bueno estaría hacer todo esto en bici”, “los países están super preparados para eso” y “pedalear nos daría más independencia”. Si bien es cierto que con la mochila se pueden llegar a pueblitos alejados de las grandes ciudades, no es lo más fácil del mundo cuando alguien tiene los días de travesía contados (pensando en que tenemos que volver en enero/febrero). Así que sacando unas ajustadas cuentas llegamos a la conclusión que trabajando unas 300 horas en Dinamarca llegábamos a comprarnos todo, así que le metimos pata.

                Nos adecuamos al entorno. Pasamos del auto en Argentina, a la mochila por los países de Europa del sur y del este para terminar cambiando a la bicicleta con alforjas para los famosos países primer mundistas (no nudistas, aunque un poco sí lo son). No podemos llamarnos ciclistas porque sería como decirle futbolista a alguien que juega un fulbito con los amigos una vez por semana. Nuestra inexperiencia viajando en bici es el filo que nos juega en contra, pero las ganas con la que lo vamos haciendo es nuestra capacidad de sobrevivir a esa selección natural, así que esperamos llegar a enero con fuerzas.

Las bicis nos permiten llegar a lugares así

Las bicis nos permiten llegar a lugares así

                Como viajar es tan abstracto y subjetivo como hablar de gustos (de lo que no hay nada escrito) no estamos preocupados en encasillarnos dentro de tribus sociales (¿o especies?) como sean “mochileros”, “ciclituristas” o la pindonga que sea. Estamos viajando lo más que podemos con las ideas que se nos ocurren. Así que nos mandamos nomás, conseguimos unas bicis que se adecuaban a lo que nos habían recomendado en foros (no sabíamos que había tanto tecnicismo para el tamaño de las cubiertas jaja) con descuento por “final de temporada”, porque resulta que en los países que se usan bicicletas, hay temporadas de modelos, como si fueran ropa. También conseguimos unas muy muy buenas alforjas de DC Bikes, que es una empresa argentina, con un gran descuento. De a poquito nos armamos para arrancar esto.

La Dinamarca que existe más allá de sus grandes ciudades

La Dinamarca que existe más allá de sus grandes ciudades

                De yapa tuvimos un inflador anímico cual Caruso Lombardi a equipo que pelea el descenso, y es que mi viejo nos visitó seis días mientras estábamos en Copenhague. Poder tener un poco de contacto con la familia fue genial. Ni hablar de los regalos de amigos y parientes que nos mandaron desde casa (en especial volver a tener boina 😀 ), y fundamentalmente, nos reencontramos con el mate. Como si fuese una historia de amor de las novelas de las 3 de la tarde, volvimos a preparar unos matecitos con nuestro querido mate de madera de Villa General Belgrano. Casualidades, de esas que se dan, que en nuestro último mes y pico disfrutamos de la compañía de 3 cordobeses con quienes hicimos una amistad muy sincera y tenemos planes de viajes futuros en grupo. Imaginen que la despedida fue difícil, pero con globos y unos ñoquis muy ricos.

Con Gerardo

Con Gerardo

                Con todo esto nos mandamos a Odense, ciudad más “representativa” de la cultura danesa, la tercer ciudad más grande de Dinamarca y que su nombre significa “Santuario de Odín”. Más escandinavo que eso pegame con un hacha. La ciudad ronda alrededor de que allí nació el famoso escritor Hans Christian Andersen, autor de numerosas novelas, poemas y cuentos para niños con los que se hizo famoso. “El patito feo”, “El soldadito de plomo” y “La sirenita” fueron sus obras quizás más reconocidas, y en Odense está lleno de monumentos en alusión a todas ellas. Al toque reconocí al rengo soldado, firme, con unos dos metros de alto… y pensar que cuando leí el cuento no entendía el mensaje.

Flor en la casa donde nació Christian Andersen

Flor en la casa donde nació Christian Andersen

                La ciudad además regala un par de iglesias muy pitucas y un centro histórico muy bonito, pero lo que más se destaca es el camino al lado del río. Tiene unos dos kilómetros y se mete en la espesura del bosque, con caminos muy bien marcados donde la gente (mucha) sale a correr o andar en bici y atraviesa el zoo pudiéndose ver desde afuera a los animales enjaulados, con la salvedad de que es uno de los parques que mejor cuidado le dan a sus prisioneros en todo Europa, con “suficiente” espacio.

                Odense va a quedarnos guardado como la ciudad donde empezamos a pedalear con el equipaje encima. Hicimos couchsurfing dos noches con una familia de daneses para después comenzar a movernos. Fue de cuento.

Margarit Ruten - si vas siguiendo la señalización la ruta es más que linda. Además hay una aplicación para el celular que te marca esta ruta y otra que te marca todos los campings en Dinamarca (libres y pagos). Gloria!

Margarit Ruten – si vas siguiendo la señalización la ruta es más que linda. Además hay una aplicación para el celular que te marca esta ruta y otra que te marca todos los campings en Dinamarca (libres y pagos). Gloria!

                Termino de escribir este post después de cinco días de haber cambiado la piel viajera, de pasar cientos de kilómetros entre campiñas danesas y alemanas en paisajes hermosos, de haber acampado en bosques públicos y campings privados, de haber sentido que las piernas no daban más y de ver como todo, de a poco, se va acomodando para que sigamos viaje.

Gracias por leernos, abrazo melancólico.

Nuestra última ciudad danesa: Sønderborg

Nuestra última ciudad danesa: Sønderborg

12 pensamientos en “Darwinismo viajero

  1. Genial el post, no se si lo estan haciendo, o si es un kilombo, pero algun video mientras andan en bici estaria genial!

    Abrazo a ambos!!

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