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La llegada a Zagreb constó de dos tramos hechos a dedo. El primero fue camión y su chofer se llamaba Milan o Bilan, algo así. El señor solo hablaba croata y nos comunicamos poco y nada en la hora y media de viaje. Solo pudimos preguntarle el nombre con ayuda del traductor del teléfono y poco más. Lo gracioso fue cuando quisimos darle las gracias, que con un tímido “jfala” (se escribe “hvala”) acompañado de una sonrisa mirábamos a Bilan, que nos contemplaba desorientado. Se lo repetimos un par de veces y ahí entendió, diciendo “aaahhh!! JJJFAAAGGVLAAAA!!!” y se rió un rato, volviendo a mirar la ruta. En Croacia todo suena más GRJAPAJJAR. Nuestro “jfala” era una caricia a su fuerte oído. Entendimos que un requisito para hablar croata es gritar un poco y pronunciar cerrado.
Un hasta luego de Italia que se convirtió en adiós – Trieste y Rijeka
Después de la maravillosa Venecia nuestro itinerario empezaba a virar al Este, hacía esos países con poca publicidad que algunos recuerdan porque en los noventa tuvieron una guerra. Pero antes de adentrarnos en los Balcanes nos quedaba una parada en Italia, en una porción de tierra que seguramente algún político tano despierto le ganó de mano a otro más dormido esloveno, la ciudad de Trieste.
El movimiento y la constante del cambio – Florencia y Venecia
Movernos cambio la ecuación del viaje. Llegar a Florencia nos dio un empujón importante, el cambio de aire fue interno. Nos hospedamos en lo de Leonardo Boselli, un italiano muy particular, que se dedica a la parte de informática de la Universidad pero su verdadera ocupación es hospedar gente. Tiene su casa realmente preparada para eso. Hay lugar para 9 personas pero nos contó que llego a hospedar a 14. Tiene reglas, varias, como la de “un día cocinas vos, otro yo” y el que cocina se sienta en un lugar particular de la mesa donde hay un cartelito de “Here is the cook of the meal”. También hay reglas locas, como la de que está prohibido usar tacones. Resulta que tuvo una huésped que iba al baño en zapatos de taco, de noche, y los vecinos se le quejaron. Imaginen que 1800 huéspedes deben dar muchas anécdotas. Para sorpresa nuestra los que más recibió fueron norteamericanos, segundos francés y terceros chinos. Italia está lleno de chinos. Es como si les hubiesen dado vacaciones gratis a todos y estén repartidos por todos lados. De Latinoamérica dice que lo que más hospedo fueron mexicanos y segundo, chilenos. Este terror de los hoteles y de las agencias de turismo tiene todo anotado, en detalle. Nosotros nos fuimos de su casa contentos de haber sido los que le enseñamos que los argentinos decimos “che” (es bastante complicado responder a la pregunta ¿para que usan el “che”?) y porque le cocinamos un rico pollo con papas a la crema.
Florencia es una bonita ciudad sin edificios altos, una mini Roma, que carece de todo el caos pero con un valor cultural increíble. Lamentablemente nosotros poco pudimos aprovechar de eso porque todos pero todos los recorridos eran pagos (y caros). La entrada de una persona para ver el David era más alta que nuestro presupuesto diario entre los dos. Así que visitamos la basílica de Santa María del Fiore junto al Batisterio y el campanario, que son muy bonitos la verdad y recorrimos la ciudad de punta a punta. Las fotos desde la Piazzale Michelangelo son geniales. Ahí arriba también había una iglesia que se comenzó a construir en el 1018 y sus muros intentan retener cascarones de pinturas de aquella época. Por detrás tiene un cementerio enorme y antiguo, de esos a los que no entrarías de noche, con estatuas para rememorar al fallecido y pequeños castillos (literal) donde familias muy poderosas enterraron generaciones.
La ciudad eterna y lo complicado de comprimir emociones – Roma
Y nos fuimos de Roma nomás. Después de una de las semanas más locas, agitadas y soñadas de nuestros últimos 2 años. Nunca habíamos pensado en que nuestro primer destino fuese Roma, ni siquiera Italia. La mayoría sabe que nuestro punto de inflexión en el viaje es Dinamarca. Pero Roma era un viaje directo y que no pasaba por España (nos tienen en la mira por ser argentinos y nos avisaron que te piden TODOS los papeles habidos y por haber). Así que, por suerte, Roma fue nuestro primer destino. Grato acierto. Nos estamos yendo empapados de cultura e historia. No es fácil explicar lo que es “la ciudad eterna” en palabras, pero voy a intentarlo.
Cancelación, demoras y el desierto desde el cielo
Después de meses de preparativos llegó el 7F, el 07 del 02 o como le quieran decir al siete de febrero. La cercanía del comienzo del viaje fue dando lugar a sensaciones encontradas: muchísima ansiedad y ganas de salir a romper la cancha, y al mismo tiempo, miedo y cagazo de cambiar todo, de tirarnos de cabeza a algo tan incierto. Un mes atrás solo se daban las primeras. No sé si está bien contar sobre esos miedos, pero fueron ciertos y reales, así que sepan que no es “tan fácil”.
En fin, llegó el día, el armado de la mochila, ultimar detalles y salir para el aeropuerto. El vuelo 1140 de Aerolíneas Argentinas nos iba a dejar en Roma, hasta que llegamos a Ezeiza y nos avisaron que el vuelo estaba cancelado. Si, así de simple, nos cancelaron el vuelo con toda nuestra familia en el aeropuerto. A la despedida le aparecieron puntos suspensivos. Los nervios se relajaron. Apareció la incertidumbre de para cuando iba a ser reprogramado el vuelo y demás. Mi tío Carlos se me acercó rápido y me dijo “que les paguen un hotel, lo que sea, pero no vuelvas eh!” y entendimos que la despedida con la familia tenía que ser ahí, ese mismo viernes. No se podía estirar. Y así hicimos. Nos despedimos de todos el viernes 7, con muchos abrazos prolongados, de esos que hablan solos porque las gargantas están anudadas y varias lagrimas que se mezclaban cuando se tocaban nuestros cachetes. Después nos fuimos en un micro al hotel. El viaje había empezado.
Nos ubicaron en un hotel en Capital, uno que era un lujazo, de esos que nunca hubiésemos pagado por motus propio. Aprovechamos a comer y descansar bien. El único dato de color importante es que estaba hospedado el plantel de Racing en el hotel y aproveche para acercarme a Francisco “Pancho” Cerro y pedirle que algún día vuelva a Quilmes. Se río y me dijo “ojalá ojalá”.
El domingo 9, a la madrugada, nos avisaron que el vuelo estaba retrasado. Así que después de la cancelación, tuvimos una demora, y después, otra demora sobre esa misma demora. A mi dame de Frambuesa de ahora en más, no quiero más de Mora. Finalmente a las 03:40 de la madrugada salió nuestro avión. Del viaje de 13 horas quiero resaltar lo fantástico que es ver el desierto desde el cielo, realmente un espectáculo. Durante aproximadamente 4 horas (viajando a 850 kmh) lo único que se veía abajo eran dunas y terribles porciones de arena. Es increíble.
Llegamos el domingo bien de noche, y por el retraso, AA se encargó de darnos una noche en el Hilton de Roma. ¡Empezamos con dos hotelazos nuestro viaje gasolero! Y hoy, 10 de febrero, estoy escribiendo esto desde la cama de nuestro hostel. Ya visitamos un poquito de la ciudad de Roma hace un rato, pero era de noche. La primera impresión es justamente que es impresionante. Es una ciudad increíble, caminas por una callecita y se abre otra de adoquines, y de repente un monumento enorme y a media cuadra una iglesia con una arquitectura genial, como la de La Plata, pero hay una cada dos cuadras. Y más callecitas románticas por todos lados que te invitan a caminar. Los próximos días la vamos a recorrer bien si para de llover, y les traeremos novedades y fotos.
La compu marca las 19:03, la hora sigue siendo la de Buenos Aires. Será que ella todavía no cayó que estamos en Roma y que empezamos este viaje. Y será que habiendo pasado tan solo un día entero acá, nosotros tampoco.
PD: conectarse desde Roma es hiperdificil, vamos a intentar lo más posible estar en contacto pero realmente es complicado. Saludos a todooooos
Una escapada a la Patagonia (parte 2)
Seguimos con la segunda parte de nuestras vacaciones por el Sur…
Nuestra cuarta parada fue a 40 kilómetros de San Martín de los Andes, y a sólo a 22km del Cerro Chapelco, en Villa Lago Meliquina, un lugar de ensueño (a Flor le encanta la palabra «ensueño», así que si la ven repetidamente en los posteos, ya saben quién la escribió). Un pueblo en armónico crecimiento junto a las bellezas naturales que lo rodean. Su nombre, Meliquina, del mapuche «cuatro rincones»: lago, río, montañas y la naturaleza virgen resumen el encanto del lugar.
Una escapada a la Patagonia (parte 1)
¿Tenes ganas de hacer un viajecito a la patagonia y no sabes por donde empezar a planificar? Recorrimos en auto unos paisajes maravillosos, parques nacionales increíbles y pueblos imperdibles. Acá va una ayudita de algunos lugares que no deberías dejar de conocer.
Mis pensamientos al aire
Usé facebook para escribir una tanda de «textitos» que me fueron surgiendo con el tiempo. Mis planes de viajar vienen de hace mucho, mucho. Varios años, creo que 7 u 8. Pero uso el blog para traer al presente algo que escribí el año pasado. Mis «Pensamientos al aire 3», uno que me gustó y viene al caso.
«Parado en el tren, con la cabeza inclinada, apoyada sobre la pesada puerta de metal. Viendo por la ventana como el paisaje viaja rápidamente, mientras sigo quieto. La mente se distrae de si misma por un segundo y empieza a volar. Hace mucho, muchísimo tiempo que no pasaba. Dejar la imaginación recorrer caminos inexplorados, fantaseando, cantando, delirando. Tanto había pasado desde la última vez, que me asusté. Casi había olvidado la sensación de pilotear la nave sin volante, de mirar sin ver. Pero esta mañana si, me volvió a pasar.
Quizás fue por la rutina, esta puta rutina que me tiene cansado, y casi olvido una de las cosas mas lindas que conocí en mi vida. Pensar, para adentro, profundamente, ocultando del mundo lo que sucede en mi cabeza. El momento cumbre de descanso cerebral. Donde nacen las ideas más geniales, los sueños más significativos. Y casi me olvido de hacerlo. La sistematización, la repetización, la falta de inventiva. La facilidad de hacer siempre lo mismo, de no innovar. Acostumbrar la mente a no idear, a no elevarse.
Volé, como los pájaros, redescubriendo las alas de mi mente. En ese vuelo me observé, todavía con la cabeza apoyada en la puerta del tren, con los ojos perdidos en la nada. Mi piel traslúcida, como un frasco con forma humana. Dentro estaba mi verdadero yo, gritando y pataleando, queriendo salir de un cuerpo entumecido por el sistema, por la rutina. Imaginé ese verdadero yo como cuando era chico. Cabezón con corte taza, la mirada brillante y la sonrisa pegada a la cara, la expresión de felicidad transmitiendo las ganas de vivir y de hacer, de crear y recrear. Ese niño estaba encerrado en un cascarón de supuestas seguridades que nos da la rutina, la vida diaria, un señor con máscara que se viste y comporta de manera adulta, para que el verdadero yo quede oculto, tapado. Intento vivir libre, desatado, pero haber descubierto que ese chico sigue ahí, fue fuerte. Me renovó de ganas, de vida. Estoy seguro que no lo logré solo, la gente que me rodea me llevó a eso, algunos desde un rincón, otros desde otro. Gracias.
Ideé a la teoría de que mucha gente muere joven, inclusive diría, la mayoría de las personas. Mueren jóvenes, pero respiran hasta viejos donde sus cuerpos dejan de hacerlo. Algunos reviven de viejos, recreando y resucitando sueños. Otros no. ¿Qué somos en la vida, si no más que nuestras ideas y sueños por cumplir, y los cumplidos? Cuando perdemos eso, esa esperanza del algo por venir, ese fuego interno que nos hace soñar y volar, nos morimos. Cada persona es única, con deseos únicos. Cada vez que uno muere, y se vuelve un eslabón más de la máquina, muchos festejan. Inclusive imagino que cada vez que alguien, que cualquier célula soñadora se sistematiza y pierde su fuego interno, alguna importante marca consumista festeja, con globos, piñatas y guirnaldas. Un soñador menos, un ente manipulable más.
Hoy me asusté. Me encontré hecho un ente, con la cabeza apoyada en la puerta del tren, esperando que pase el tiempo para subirme al subte, entrar al trabajo, hacer lo que se me exige hasta la noche, que vuelvo a casa a descansar. Y así mañana, y pasado. Cada trescientos cincuenta días mentirme un poco con vida real, quince días en algún lugar, y volver a lo mismo.
Cada uno tiene sus sueños, todos son válidos, todos importantes. Dudo realmente que el sueño de alguien sea ser un ente, vivir sin pensar, sin salir de la seguridad cotidiana. De ser así, que viva su vida rutinaria lo mejor posible. Pero no me encuentro feliz con esa idea, y debe haber muchos otros como yo. No me considero especial, sólo una célula más, un yuyo más en la estepa de mentes libres y voladoras. Entonces me propuse mantener vigente la imagen del yo verdadero, reavivar el fuego interno, y si puedo, ayudar a otros a que lo hagan. No se cuanto tiempo estuve muerto, quizás fueron sólo algunos días, quizás semanas, no creo que haya sido más que eso. Me apagué. Pero hoy volé, con la cabeza apoyada en la puerta del tren, mirando el mundo pasar. Usar la rutina como escalera a mis sueños, y cuando esté allá arriba, patear la escalera para siempre. Vamos a llegar.»
1,2,3 probando
Buenas y santas.
Primer párrafo de este blog. Que nervios. Y tendones (?). Básicamente y a muy grandes rasgos, vamos a ir escribiendo, transmitiendo, contando, relatando o como nos salga, nuestras experiencias viajeras. No somos ni los primeros ni los últimos viajeros con Blog. No queremos inventar nada nuevo, ni copiar a nadie. Esto es una humilde bitácora online para que nos nuestros familiares y amigos nos sigan y se caguen de la risa con nuestros viajes. O no. Quizás no somos graciosos, pero esperamos al que le cope o interese nuestros pasos nos pueda seguir por este medio y que nuestros datos (que intentaremos transmitir lo más claro posible) les sirvan a «alguienes» del otro lado de la galaxia internauta para sus propios viajes. En algún momento haremos un apartado con nuestros perfiles, pero por el momento somos Seba y Flor, que vamos a viajar un añito por Europa, mochila en espalda y dedo arriba. El objetivo principal es aprender, ser permeables a lo que el entorno y el día a día tenga para enseñarnos y viajar viajar viajar.
Ahora que releí el primer párrafo, se me piantó un lagrimón. No, mentira. Mirá que voy a llorar. Estoy en el laburo (todavía), típica oficina con gente amontonada sin ver el solazo que hay afuera. Lo bueno de la oficina, como siempre, es la gente. Lo malo, todo el resto. Sigo sin encontrar la diferencia entre los esclavos egipcios y nosotros, en cuanto a la libertad de elección de acción. Consideremos siempre que los latigazos actuales son figurativos y duelen distinto.
Para terminar este «1,2,3 probando», vuelvo al principio. Buenas y santas fue lo primero que escribí. Estereotipo de nuestras abuelas y bisabuelas. Ellas tenían que ser buenas y santas. Ellos, caballeros y buen mozo. A nosotros no nos gustan ellas ni buenas sumisas ni santas devotas, y ellos, ni caballeros machistas ni buenos mozos superficiales. Somos dos personas, y si hay una lucha que nos ponemos al hombro, es la igualdad de género.
Besos y gracias por leernos










