Francia es mucho más que París – Velodysseey, Burdeos y Canal du Midi

                Primer post escrito enteramente desde Buenos Aires, no terminamos de caer, que ésta tarde no hace falta buscar un buen lugar de acampe, ni que tenemos que rastrear wifi para ver si alguien de Warmshower nos aceptó para dormir bajo techo con comidas e historias de por medio, e incluso, cada tanto, se me da por ver las aplicaciones del teléfono que tanto usaba mientras viajábamos, la del clima y la que cuenta los kilómetros pedaleados. Pero acá estamos, cambiamos los cinco grados bajo cero en la bolsa de dormir por el verano bonaerense. Por respeto al que haya leído nuestros posts, pero sobre todo por nosotros mismos, vamos a contarles los últimos capítulos de lo que fue éste, nuestro primer viaje “largo”, con la misma pasión con la que viajamos y pedaleamos esos meses más intensos y llenos de vida de nuestra existencia.

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La vendee a velo bien señalizado

                Habíamos llegado al mar después de perseguir el río Loira y sus valles encantados, alcanzamos el océano atlántico. Siempre que estuvimos en la costa, en Argentina, y nos colgamos mirando el amanecer en la playa el agua parece no tener fin, un horizonte eterno, sin embargo, ahora sabemos lo que hay del otro lado. Unas playas alucinantes con arenas finitas de a ratos y otros tramos de costas de piedras que forman terrazas para que espectadores melancólicos pasen horas mirando y revisando las formas del agua entre mate y queso, como nosotros.

                Nuestra ruta oceánica consistía en bordear toda la costa francesa, siguiendo la EuroVelo 1 llamada Velodysseey, hasta mitad del país, donde nos adentraríamos en la hermosa Burdeos y a partir de allí seguiríamos el Canal du Midi, una famosa obra de ingeniería que conduce el agua desde el Atlántico al Mediterráneo. La figurita que nos faltaba, ya bordeamos arroyos, ríos, lagunas y lagos, el mar, y para finalizar, un canal. Todos senderos de agua y nosotros viajando en otoño/invierno. Anoten viajeros ¡si viajan en bicicleta que sea en primavera/verano! Van a poder aprovechar mucho mejor el entorno y la naturaleza.

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atardecer en la costa atlantica francesa

                En todo este recorrido tuvimos encuentros de los más locos con la gente, desde un hombre que nos hospedó que prácticamente no nos habló en las 12 horas que compartimos techo hasta gente que nos vio en la calle con las bicis y nos invitó a almorzar de imprevisto, e incluso, en Burdeos nos dejaron solos en un departamento el fin de semana porque los que nos hospedaban se tenían que ir. Solos, con las llaves y ellos se fueron, y nosotros nos fuimos antes que vuelvan. Suena a locura pero fue todo tan natural en el momento que ni nos dimos cuenta. Ese nivel de confianza te hace pensar que la humanidad está mal, en general, porqué se deja llevar por la locura consumista pero que si volvemos a las bases, a la confianza y la buena voluntad, los cambios están al alcance de la mano. No me jodan.

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Él nos vió con las bicis y nos invitó a almorzar a su casa donde, con su mujer, nos recibieron muy amablemente.

                En nuestros días playeros hasta llegar a Burdeos vivimos varios de los momentos más recordables del viaje en bici. Si bien no somos fanáticos de la playa, ESAS playas fueron lo más de lo más. Con surfistas adornando el agua tuvimos decenas de mates con queso (gran combinación franco-argenta, anote señor/a lector/a). Mucho pero mucho camping libre, poca gente. Encontramos lugares idílicos, de esos que se ven en las películas, donde la arena es limpita y los arboles son bien verdes cerca del agua, sabiendo que la persona más cercana estaba a unos 20 kilómetros. Así varios días. Como se hacía de noche temprano, nos dormíamos a las nueve o diez muchas veces, y tomamos la hermosa costumbre de despertarnos a las 2 o 3 de la mañana a ver las estrellas. No me hagas llorisquear, dale. Le juro estimado lector, que todas las noches sin nubes salíamos a ver las estrellas por quince minutos, media hora o hasta una hora. Después seguíamos durmiendo. Si alguien de la Real Academia Española hubiese viajado con nosotros pensaría en agregarle un nuevo significado a la palabra Libertad, aunque tendría las mismas dificultades que yo para describirla.

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Noches estrelladas que vamos a extrañar

                Igualmente tuvimos un día que el camino fue feo. De verdad feo, el primero en nuestra ruta oceánica. Zona industrial de extracción de minerales del suelo cercano al mar. Pero bueno, que se le va a hacer. Por suerte ese día terminó con un espectáculo inolvidable al anochecer. Nuestro día de pedaleo debía finalizar en una isla a la que debíamos acceder por un puente, o al menos así se veía en el mapa. Resulta que cuando llegamos, con el atardecer comiéndonos los talones para buscar un lugar de acampe, el puente no existía. En su lugar había una calle que se metía al mar. Leelo de nuevo. Una calle que se metía al mar, así de loco e inexplicable. Flor se quedó al lado del cartel de “Le Gois” (se pronuncia “Le gua”) mientras que yo pedaleé, incrédulo, por la calle hasta que el agua del mar me tocó la rueda. En el horizonte se veía la isla. La calle que teníamos que atravesar estaba totalmente bajo el mar. Sacamos pocas fotos por la falta de luz (acá se puede ver click). Pusimos la carpa a pocos metros de la famosa Le Gois, sin entender que pasaba ni cómo íbamos a seguir. Nos despertamos con el sonido de los autos pasando a unos 10 metros la carpa. Salimos para ver y el agua se había ido. La calle estaba seca para pasar a la isla. Yo estaba fascinado como nene en Disney. ¡Se fué el mar loco! Tapaba la calle y ahora se puede pasar. Lo único feo fue que hasta que desarmamos la carpa, el agua volvió a subir jaja y no pudimos cruzar. Sólo se puede pasar por Le Gois durante las 3 primeras horas del día.

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Le Gois, el puente que solo se puede cruzar cuando baja la marea.

                Siempre cerquita del agua recorrimos una zona de ciudades balnearias muy famosas, y también, muy bonitas. Como estábamos en temporada baja, era como pasear por Mar del Plata en invierno. Lo que por un lado nos disgustaba de no poder meternos al agua por el clima, por otro nos compensaba que todas estas ciudades estaban desiertas. Nombrarlas todas no tiene mucho sentido, destacamos La Rochelle, una ciudad medieval, con un puerto “viejo” de dicha época y uno nuevo moderno. Nos encantó todo además que la coronamos con nuestra mejor jornada de venta de postales. Más de una semana de viaje financiado en dos horitas de mate, postales y charlas con gente.

                Cruzamos el río La Gironde en ferry para seguir siempre bordeando el mar y guiándonos por la Eurovelo 1, que está bastante bien señalizada de a tramos (en otros, teníamos que guiarnos por mapa, claro). A partir de ese día, todo fue recorrer playas desiertas en lugares que quedaran en nuestras retinas for ever Ludueña. Nuestra relación con los pains au chocolat tomaron una fuerza inusual convirtiéndose en nuestro desayuno diario (a excepción de cuando dormíamos en casa de gente).

                En esta región se dio un detalle importante. Resulta que durante todo el tramo en bici llevé un pequeño cuadernito, bien chiquito, pero a mano. En él iba anotando ideas que surgían mientras pedaleábamos, no saben lo mucho que funciona la cabeza mientras se recorre en bicicleta, es increíble. Además de las ideas y ocurrencias del momento anotábamos distintas observaciones del viaje, como era tener un listado de los lugares donde hicimos camping libre y su respectivo “puntaje”. En esta zona de playas surfers y pequeñas poblaciones encontramos nuestro único puntaje “10” de los más de 3 meses pedaleando. Tan feliz estaba del lugar que encontramos qué por más que hacía 10 grados me metí en el lago y no me agarré una pulmonía de pedo.

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Lac d´Hourtin, nuestro lugar idílico de acampe.

                En uno de nuestros desayunos frente al mar nos sorprendimos al ver construcciones en la playa, sobre la arena. Eran construcciones grandes y bastante cuadradas, de concreto o abstracto o algo así, totalmente graffiteadas. Después de dar unas vueltas mirando por dentro de los bloques, encontramos una pareja de jubilados paseando que con total buena predisposición nos sacaron charla y nos contaron que esas edificaciones eran bunkers de la Segunda Guerra Mundial, que lo habían hecho los nazis, y que la guerra en ese lugar había terminado un año después, en 1946. Resulta que los soldados alemanes no querían volver a su tierra natal y se atrincheraron negándose a salir. Se escondieron en los tupidos bosques y utilizaron esos bunkers hasta que se quedaron sin recursos y sin balas. Un cacho de historia contemporánea yace sobre la arena y es golpeado por las olas todos los días.

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En el desayuno contemplando los bunkers de la 2° Guerra Mundial.

                Después llegó el momento de Burdeos. Ya les contamos la situación más que agradable con nuestro alojamiento. La ciudad en sí es hermosa, de a ratos me hacía acordar a Praga, pero en lugar de colinas tenía el río Gironda al lado. De los lugares más lindos de Francia de los que visitamos. Fue nuestro puntapié donde arrancamos a seguir el Canal du Midi, también conocido como Vía Verde en su recorrido ciclista.

                Recorrer un canal es una sensación rara, más que nada después de haber estado por distintos ríos, sobre todo el Loira. Un canal es tan artificial y recto que de a ratos se nos volvía aburrido. Mientras lo recorríamos decíamos: “Si este hubiese sido nuestro primer sendero, nos hubiese encantado. O si fuésemos ingenieros en algo relacionado a los canales jajaja”. Las obras de eclusas y el agua en sus distintos niveles a lo largo del recorrido es sumamente atractivo hasta para el que no entiende un choto nada. Ni hablar de que el canal, en dos sectores, pasa por encima del río. Así como lees. Hay un puente donde el verde falso del agua del canal pasa por encima de la rojiza corriente del río Gironda.

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El canal du Midi se transforma en puente para cruzar el río.

                Pasamos por Toulouse, una ciudad bastante grande que fue un punto de soporte en nuestro trayecto. Veníamos de días de continua lluvia y al entrar a “Tulús” (así se pronuncia jaja) pinché una rueda, otra vez. Motivo más que suficiente como para explotar y tomar la decisión de pagar una habitación por segunda vez en más de 90 días de viaje. Era necesario. Fue reparador. Y también fue la primera vez que compartimos habitación en un hostel en todo el viaje. Se nota que no nos copaba pagar jajajaja somos éramos tan ratas pobres.

                Lo que vino a continuación fueron los últimos días de movernos, donde el clima hizo todo lo posible para que no nos angustiemos de que ESTE viaje estaba terminando y para que nunca nos olvidemos que, viajando en la libertad de la bicicleta, es mejor en primavera y verano. Mucha lluvia, mucho frío, poca plata y acampábamos donde podíamos. Incluso inventamos un nuevo tipo de camping libre que bautizamos como “Urban Camping”. Sí, pusimos la carpa en medio de una ciudad, en Castelnaudary jaja totalmente jugados. Pero salió todo bien, nadie nos dijo nada. Pudimos conocer la hermosísima ciudad de Carcassona, un espectáculo en sí misma. Un nivel de conservación de la fortaleza medieval similar al de Dubrovnik, en Croacia, aunque más pequeña.

 

Lluvia, barro, frío...

Lluvia, barro, frío…

urban camping

…y urban camping para finalizar el día.

              Por último, pasamos unos días en Beziers, finalmente en el Mediterráneo. Qué bonito es. Nos hospedaron Paco y Sandrine durante dos noches. Él habla español y ella inglés, pero ninguno entendía lo que nos hablaba el otro jaja Fue muy gracioso. Una combinación de franco-español-inglés. Una pareja de franceses que coronó lo que fue nuestro paso por un país que nos enamoró. Entraron en nuestro top de gente que nos abrió las puertas de su casa, porque nos sentimos como en casa. Una vez más. Francia es mucho más que París. Francia tiene historia en sus rincones, castillos en sus pueblos, iglesias con más de 500 años, y sobre todo, tiene gente que conserva los ideales de “Liberté, égalité, fraternité”. Gente que a diferencia de otros países de Europa piensan en darte una mano antes que metértela en el bolsillo. Le agradezco al universo por permitirme recordar por siempre el tonito francés en mi mente, el poder evocar una conversación entre ellos. Es que las cosas simples son las que más se extrañan, las que a la larga, más importan.

con Paco y Sandrine

con Paco y Sandrine

No se pierdan este videoresumen sobre nuestros días en la costa francesa 🙂

4 pensamientos en “Francia es mucho más que París – Velodysseey, Burdeos y Canal du Midi

  1. Chicos los leo desde ayer en la noche cuando pir casualidad los encontré en el mar de google. Que bonitas crónicas cuentan y que monton de momentos, lugares y personas que seguramente quedaron en sus cabezas y corazones. Yo voy a recorrer el Canal du midi en bici este septiembre y trataré de llegar a Monaco.

    • Hola Daniel!
      Hermoso el Canal du Midi, es un camino sumamente tranquilo para hacer. El momento más bonito para nosotros fue Carcassone, una ciudad y un fuerte maravilloso. Ojalá puedas ir.
      Te mandamos un saludo y tenenos al tanto de tu viaje, que nos interesa 😀

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