Prefiero a la libertad en remera y zapatillas que las libertades de saco y corbata

     Antes de salir de Albania algunas personas nos habían advertido de que en Grecia no debíamos decir que habíamos pasado por su país porque nos iban a mirar con malos ojos. Algo parecido leímos en internet y en grupos de viajeros en facebook. Cualquier tipo de especulación tanto positiva como negativa sobre la gente de un país es un prejuicio, y como dijo un gran profe que tuve en la Universidad, “todas las personas que tienen prejuicios son pelotudas. Tenemos que conocer, aprender y elaborar nuestros propios juicios, nuestras propias opiniones y no guiarnos por malas o buenas experiencias de terceros”. Lo anoté en el margen de un cuaderno de apuntes y me lo acuerdo casi casi textual. Suelo tomar más anotaciones sobre las cosas que dicen los profes y me hacen pensar en lateralidades que sobre la materia en sí. Como ejercicio diario intento, con aciertos y errores, no prejuzgar a nada ni nadie y cuando me doy cuenta que lo hago, doy marcha atrás.
Foto desde la isla en Ioannina

Foto desde la isla en Ioannina

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Como me ofrecieron poner una parrilla en Albania y la calidez de Montenegro – 2 en 1

     ¡Vamos a ponernos al corriente!, dijo el enchufe (un “chistecito” para empezar. Es malísimo y no va a volver a suceder (?)). Dejamos Dubrovnik con ganas de quedarnos unos días más pero era hora de cambiar de país. Nuestro plan era quedarnos alrededor de 9 o 10 días en Croacia y estuvimos 16, por lo que nos agarró una especie de apuro interno que nos incitaba a movernos, y rápido. A que teníamos que acelerar el paso porque Croacia era nuestro segundo país de 20 o 30, no sabemos bien, y estábamos “atrasados”.
Flor, Chris y Blazenka en la Catedral ortodoxa de Podgorica

Flor, Chris y Blazenka en la Catedral ortodoxa de Podgorica

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Historia a marzo – Split y Dubrovnik, el medioevo y la modernidad

     Después del cachetazo de naturaleza que nos dio Krka seguimos viaje para Split, donde nos esperaban Lara y Mario, una pareja de couchsurfing. Esta ciudad, la segunda más grande de Croacia, es una joya histórica con rincones más que interesantes. Si bien nos alcanzó un solo día de caminata de 7 horas para recorrerla prácticamente entera, tiene el encanto de poseer construcciones dentro de la ciudad que pertenecieron a la antigua fortaleza Diocleciana.
 
Atardecer en Split. Primer día en la ciudad

Atardecer en Split. Primer día en la ciudad

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Paisajes de fondo de pantalla en vivo y en directo – Parque Nacional Krka, Croacia

     Hace unos 4 meses estábamos en plena preparación del viaje. Si bien el itinerario tuvo cambios desde que empezamos esta aventura, muchos más cambios tuvo antes de comenzarla. Una de las principales dudas era si “Croacia si, o Croacia no”. Hoy en día nos reímos de haber tenido esa duda, de que haya existido la posibilidad de perdernos este país tan lleno de naturaleza, historia y sobre todo gente buena onda. Sin embargo, hubo un período en el momento de los preparativos en que dudábamos; una tarde estábamos en Bera haciendo el itinerario en google maps ayudándonos con libros y Wikipedia, para saber dónde ir, y vimos un gran manchón verde en el mapa que decía “Krka National Park”.
Cisnes en el río Krka, en el pueblo Skradin. Los cisnes son reales y viven libres

Cisnes en el río Krka, en el pueblo Skradin. Los cisnes son reales y viven libres

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Cambio de planes y la hospitalidad en Zagreb

     La llegada a Zagreb constó de dos tramos hechos a dedo. El primero fue camión y su chofer se llamaba Milan o Bilan, algo así. El señor solo hablaba croata y nos comunicamos poco y nada en la hora y media de viaje. Solo pudimos preguntarle el nombre con ayuda del traductor del teléfono y poco más. Lo gracioso fue cuando quisimos darle las gracias, que con un tímido “jfala” (se escribe “hvala”) acompañado de una sonrisa mirábamos a Bilan, que nos contemplaba desorientado. Se lo repetimos un par de veces y ahí entendió, diciendo “aaahhh!! JJJFAAAGGVLAAAA!!!” y se rió un rato, volviendo a mirar la ruta. En Croacia todo suena más GRJAPAJJAR. Nuestro “jfala” era una caricia a su fuerte oído. Entendimos que un requisito para hablar croata es gritar un poco y pronunciar cerrado.
Atardecer en Zagreb

Atardecer en Zagreb

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