Explorando rincones impensados – Lituania y Letonia

                Levantarme a las seis y media, ducha matutina despierta-muertos, vestirme medianamente formal para ir al trabajo mientras veo el noticiero, caminar hasta la estación, viajar en el querido Roca (¡el tren eh! nunca le diría “querido” a uno de los asesinos de los pueblos originarios de nuestro país), combinar con el subte que voy igual o más apretado que en el tren, llegar a la oficina y empezar con unos mates (probablemente uno de los mejores momentos de la mañana) y con el trabajo del día. Un almuerzo con los genios de mis compañeros de trabajo y empezar a contar las horas para salir. Una vez afuera, tipo cinco y media, subte y tren otra vez para ir a la facu. Cuatro horitas de cursada y a las diez estoy libre, fresco como una lechuga para empezar el momento del día en que ya no tengo responsabilidades u obligaciones. Me tomo otra vez el tren hasta casa, llego diez y media, ceno, miro una serie y a la cama que al otro día hay que levantarse temprano. Gracias por todo, felicidades.

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La gente del Campo, Polonia – Varsovia, parte 2

Nos fuimos de Cracovia con el orgullo de haber aprendido un poco de historia y otro tanto de humanismo. En Varsovia nos esperaba Sebastian, un tocayo que nos advirtió que vivía en las afueras de la capital, cerca del bosque. Pero no avancemos tan rápido, en el post anterior no tuvimos lugar para hacer una salvedad que en Polonia nos llamó más que la atención: la gente es altamente amable, más que en cualquier otro país que hayamos visitado antes. Nos vieron por la calle caminando con cara de perdidos y entonces tres personas sacaron sus teléfonos celulares para ayudarnos y decirnos con qué medio de transporte nos convenía movernos. Otra, en la parada del bondi no teníamos monedas para sacar los boletos (acabábamos de llegar y no habíamos cambiado), y se acercó un flaco muy buena onda y nos pagó los boletos, rechazando nuestro intento de darle un billete a cambio. Hay más, estando en Auschwitz habíamos pegado onda con un profesor español que estaba en Polonia para un congreso, y los 40 kilómetros de vuelta para Cracovia se volvía con una pareja de polacos… nos tiraron a nosotros también. Inclusive nos hicieron un puerta a puerta. Así se repitieron constantemente situaciones de amabilidad y apertura de parte de los polacos. Puntazo a favor.

Iglesia reconstruida en Varsovia. El autito le da un toque genial a la escena

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